domingo, diciembre 13, 2009

REPETICIÓN INSTANTANEA

Un día, la raza humana simplemente dejo de existir. Por espacio de setenta y dos horas, todas las ciudades, pueblos, y comunidades del mundo quedaron sumergidas en un silencio atroz. De pronto, algo cambio. En veinticinco localidades distribuidas en los cinco continentes, emergieron unos seres. Su apariencia era humana, pero mejorada. Todos eran hermosos, en su físico resultaba imposible hallar una imperfección. Genéticamente sus cuerpos eran puros. Cada gen, cada cromosoma, cada molécula de adenina, timina, citosina, y guanina poseían un propósito útil. Por primera vez en la historia, el ADN funcionaba exclusivamente para el bienestar, y no para causar enfermedad o debilidad. Nada de genes basura que cargaran o amenazaran a la descendencia con deficiencias o deformidades. Intelectualmente todos eran superiores al compararlos con el extinto homo sapiens. Y lo primero que hicieron al descubrir la existencia de los otros grupos, en los otros continentes, fue declarar la guerra.

I.J. Vázquez Torres ©

martes, diciembre 08, 2009

MINI CUENTOS

I- Aun cuando moriré, se que ella jamás tendrá paz, la he maldecido con amor.

II- Yo,

El comienzo.

Ella,

La nada.

Nosotros,

Caos organizado.

III- Estaba mirando hacia el cielo, perdiéndome en lo infinito, y vino el fuego y me consumió.

IV- Trabaja, trabajo, trabajaré.

El gobierno te cuidará.

Al gobierno le deberás.

Eres un producto.

Esclavitud.

V- Proxac, Venlafaxine, Duloxetine, upropion, Nefazodone, Olanzapine, Risperidone, Clozapine, Benzodiazepine, Pregabalin, Gabapentin, Oxcarbazapine, Xanax, Tendal, Symmetrel, Elavil, Strattera, Buprenex, Buspirone, Litio, Thorazine, Klonopin, Diazepam, Cymbalta, Ritalin, Halodol, Seroquel, Zoloft…ahora si somos libres y felices. ¿Hay quien lo dude?

VI- El está con una bala en la boca.

VII- Ya no tengo interés en lo que entiendes que debo mostrar interés pues no me interesa saber lo que se supone me interese saber.

VIII- Sombras, un suspiro. Colores fugaces, una sinfonía. La nada, el todo, aquí no están. Miro hacia el abismo, y este me mira de vuelta. Me has abandonado, ¡oh mi dios! ¿Ahora que?

IX- Antes de que la bala afeara el muro con sus sesos, Eduardo grito su fe. Una palabra que lo es todo, y jamás desaparecerá. El grito: libertad.

X- Tesis: la entropía se come el orden.

Antitesis: Si creo algo al pintarlo, ¿lo condeno al venderlo?

Síntesis: Dios.

XI- José era prisionero del ego, y por eso peco de sincero.

I.J. Vázquez Torres ©

LA METAMORFOSIS DE AGAMENON

Un día, de manera impredecible, el chico más feo de la escuela creció y se desarrollo, alcanzando a sus pares. Como si una venda les fuera removida de sus ojos, todas las chicas enloquecieron por él. Pero era demasiado tarde. Luego de mucho esperar y suspirar, él se hallaba con el hombre que amaba.

I.J. Vázquez Torres ©

TRIBUTOS E INSULTOS


- Se venden t-shirts del Che donde quiera, y casi todo el mundo las compra. ¡Ha triunfado el capitalismo!
- La llamarada se esparce eternamente, y la charca es simplemente una fosa de pudrición.
- Ese día se comprobó fuera de toda duda, que los vampiros existen. ¿Y?
- Cuando se acostó a dormir, era él. Al despertar, dejo de serlo.
- En el país de las maravillas, mejor conocido como la Isla del Encanto, el más desquiciado de los habitantes de Macondo puede postularse y ganar para gobernador.
- Ese día despertó, y el dinosaurio finalmente se había ido.
- Tomo un frasco para guardar las cenizas de su madre. Una guerrera, amante de la justicia, incansable fiscalizadora del gobierno. Antígona Pérez, ¡tú amor por la libertad jamás morirá!
- Y el moco, aun seguía guindándole de la nariz.
- La mujer mujer hallo a su hombre hombre.
- ¿Por qué pocos probaron del fricase de pollo para la conciencia?
- En la Isla Cerrera ha muerto la inteligencia.
- Es imposible distinguir realmente entre el bien y el mal, así que resulta más fácil abandonar toda conciencia.

I.J. Vázquez Torres ©


martes, octubre 20, 2009

PERDIDO SIN TI

Miro tus ojos, lleno de obsesión. Total obsesión. Se que es una ilusión, un sueño, una lucha banal contra la realidad. Pero, ¡qué bueno es soñar!, ¡es tan bello añorar! No quiero despertar, no hay nada en la realidad, nada que me amarre a esta existencia sosa y desamparada. Déjenme aquí, pues todo me va bien. Ella me mira, ella me cobija en su pecho. Ahí me pierdo, aun cuando se que es una mentira. No me ama, no me desea. Eso lo se. Soy su juguete. Y con eso me conformo. Porque soy un don nadie, un fracasado, sin patria, sin hogar, sin familia. ¿Qué puedo perder? ¿Mi dignidad? Ya la vendí. La vendí para estar con ella. Se que pronto acabara, pues nada es duradero, nada es por siempre. Ni siquiera su mirada. Estoy al fondo, deseándola cada vez más, y ella sigue ignorándome. Me dice que aun no es mi tiempo, que me toca respirar por otra década. Así que la veo partir, recolectando otros dichosos que les ha tocado dejar de vivir.

I.J. Vázquez Torres ©

AMANDA


El estaba sentado, pensando en la negra mirada de una doncella, a la cual nunca se atrevió besar. A su alrededor la existencia se negaba a sentarse con él. Los minutos no pueden pararse para pensar en el ayer. ¿Quién era ella? Tomando con resignación el sobre, extirpo con desencanto los recuerdos ahí atrapados. Como prisioneros de un ayer desperdiciado, los papeles, las cartas, los pedazos de tela, algunos mechones de pelo, fragmentos de un rompecabezas nunca ensamblado.

Era joven, quizás unos 18, quizás menos. Jamás lo supo. Lo arropaba el temor de que fuera menor, pues su moral jamás le permitiría estar con una niña. Se conformaba con mirarla caminar en el jardín, asombrado por la delicadeza de sus pasos por entre las flores. En diversas ocasiones la vio en el pueblo junto a su madre. Sus oscuros ojos lo hipnotizaban, causando que en ocasiones pisara a inocentes.

Una vez logro escuchar su nombre. Amanda. Grabo cada letra en su mente, cada sílaba, gustando como el aire entraba y salía de sus labios cuando lo pronunciaba. Amanda. La hermosa Amanda, delgada y esbelta, con un porte de nobleza heredado de antepasados distantes. La joven era callada, hablando sólo cuando su madre le preguntaba algo. Una voz maravillosa, a la cual Pedro desarrollo una instante adicción.

Entre la colección de recuerdos, esta uno que opaca a los demás. Ese día estuvo a punto de morir. Era jueves, y como de costumbre, estaba en la plaza, comiendo una manzana mientras leía el periódico. Estaba tan absorto en la lectura, que no escucho los pasos. No tuvo que mirar para saber quien le hablaba. Era Amanda. Un enorme pedazo de manzana sin masticar le bajo por la garganta, causando que obesas lágrimas se escaparan por entre sus pestañas. Estuvo paralizado por varios segundos en lo que la horrible sensación desaparecía. Ahí estaba la causa de sus noches en vela, la que se robó la paz de sus días. La que acaparaba sus pensamientos. Es por ella que su desempeño laboral no era el mismo, su eficacia disminuida. Al tenerla tan cerca, dudo que fuera humana. Su belleza era exagerada, abrumadora. Mágica, perfecta, toda una diosa. Con labios intensos que lo embriagaban de locura, y ojos divinos que amenazaban con robarle la poca paz que le quedaba. Su rostro estaba acompañado por una cabellera color marrón, larga y tentadora. Pudo ver de cerca su cuerpo, y como su figura femenina era una perfección matemática en sus proporciones. Entre la niebla del miedo y el amor logro distinguir lo que le preguntaba. “Disculpe, ¿has visto a mi madre?”. Los minutos se alargaron, mientras una oleada de ansiedad amenazaba con hacerlo vomitar. Le tomo todo el poder de su mente el poder pronunciar el “no”. “¿Se siente bien?” le pregunto, con sincera preocupación en la mirada. Le coloco la mano en el hombro, desencadenando sin saberlo una marejada de fuego. “Si, si, estoy algo cansado, no he dormido bien”. Irguiéndose, ella le regalo una sonrisa tímida, mientras le aconsejaba tomar té de tilo. Tratando de no huir, le agradeció el consejo. Esa tarde compró varias cajas de té.

Un día caminaba por la orilla del lago. Era de los pocos lugares que no le recordaban a la bella Amanda. “Esto es inaudito” se dijo así mismo. Enloquecido con una diosa, ¿a caso era digno de ella? Trataba de superar su ansia de besarla, de amarla. Buscaba la forma de arrancarse la obsesión y retornar a su vida oscura y silenciosa. Prefería la nada de la monotonía, que el sufrimiento de un imposible.

En la distancia observo un cuerpo nadando. Se embeleso admirando la destreza del bañista. Seguramente era atleta por profesión. En esos segundos logro quitarse a su tortura de su mente, la destreza del cuerpo era tal que lo dejo ciego a todo lo demás. Poco a poco el cuerpo se acerco a la orilla. En ese instante decidió quedarse y conocer al atleta. Del agua emergió la bella Amanda. El traje baño abrazaba como segunda piel el cuerpo de la joven, revelando más detalles de su belleza infrahumana. La joven sonrió al verlo, se acerco y tomando su toalla le dijo “el agua esta deliciosa, debe probarla”.

Se encerró en su casa por los próximos días, lleno de remordimiento por todos los pensamientos indignos que tuvo al ver el cuerpo húmedo y curvilíneo de la bella Amanda. Hasta que cansado de su actitud mojigata, se metió a la ducha, se arranco el miedo de la piel, y se resigno a conocerla. Ya era insoportable amarla de lejos.

Llego temprano al pueblo, y noto que esa mañana era distinta a las demás. Había un silencio desagradable en el mercado, afeando los alrededores. Camino por varios minutos buscando a las dos figuras más conocidas del pueblo, Amanda y su madre. Los minutos se transformaron en horas, y su desespero lo movió a una acción que jamás pensó que era capaz. Fue a la casa de la dueña de sus sueños.

Sus pasos fueron interrumpidos por una voz que le llamaba. Se detuvo para mirar a su alrededor hasta que vio a la madre de Amanda. Fueron los minutos más dolorosos de su vida. Mientras estaba escondido en su apartamento, Amanda enfermo. Fue algo rápido, e inmisericorde. Cada momento que pasaba, la joven empeoraba, su fiebre asándole los sesos. En uno de los breves momentos de conciencia que tuvo, le entrego un sobre a su madre con ordenes de entregárselos a Pedro. Desconocía el contenido, pues su hija le hizo prometer que no lo abriría. Pedro tomo el sobre en sus manos, la mirada fija en las manos arrugadas de una madre sufrida.

Era invierno, y ya casi nadie iba al lago. Se sentó a mirar el agua que comenzaba a congelarse, recordando aquel día que la vio nadando. Comenzó a recordar y a pensar en la negra mirada de una doncella, a la cual nunca se atrevió besar. A su alrededor la existencia se negaba a sentarse con él. Reflexiono sobre como los minutos no pueden pararse para pensar en el ayer. Ella era la que amo, y nunca tuvo valor para confesárselo. Tomando con resignación el sobre, extirpo los contenidos. Como prisioneros de un ayer desperdiciado, encontró evidencia de otra tragedia. Ella también enloqueció de amor. Encontró fotos suyas, que ella le tomo sin que el supiera. Cartas que confesaban amor, que ella nunca envió. Pedazos de tela blanca, algunos mechones de pelo, todos fragmentos de un rompecabezas nunca ensamblado.

Cerró sus ojos, y lloro.

I.J. Vázquez Torres ©

jueves, octubre 15, 2009

ADIOS

No me embriaguez con un sueño, pues son amargas las desilusiones. No llenes de mañanas mis ojos, son odiosas las mentiras. Las promesas hechas son cáscaras secas, alimento para el fuego, que las transforman en ceniza. Quisimos devorar el mundo, tú y yo. Tontos soñadores, ineptos conquistadores, adorables ingenuos. Aquello que se vislumbraba en el horizonte es la verdad, y nadie quiere verla. Es más fácil la mentira, es soportable la fantasía inventada que se siente a cada instante. ¿Acaso es pecado desear dulzura en vez de sinsabor? ¡Ingenuidad! El dolor de la razón llegara, y quemará las paginas inventadas para reemplazarlas con las vividas. La verdad triunfa, pues es hija de Dios. ¿Acaso podemos derrotar a Dios? ¿Es posible alterar lo pensado por Él?
No me embriaguez con tus relatos y promesas, que me causan una resaca en el alma. No me alimentes con el dulce de tus palabras, pues me empalagan el corazón. Estoy muerto en la marejada del presente, eligiendo un destino, planificando un nuevo hoy, descartando el mañana y el ayer. Ya no me acobarda la vida. Quise ser algo para lo que no fui creado. Trate de vivir una realidad ajena, que me llevo a ningún lugar. ¿Ahora que? Ahora, ahora olvide. Estoy cansado. Sólo quiero el olvido. ¡Egoísmo! El que olvida se condena. Así que doblo esos días, y los coloco amablemente en los archivos neuronales, dónde deben estar sin molestar, accesibles cuando sean necesitados. Los hago parte de mis vivencias, las uno a lo aprendido, esperando tomar mejores caminos en el futuro. ¡Egoísmo! ¿Es tan perverso ser egoísta? ¿Desear la felicidad sin su contraparte? ¿Buscar la luz sin tener la sombra?
No me embriaguez con amabilidades y consuelos. No los necesito. He crecido, he progresado. Estoy más allá de pobres tetras mentales, y melancolías impuestas. Soy libre, no te necesito, no te añoro, ahora estoy lejos de tú alcance. Toma tus manipulaciones, y recíclalas con otro. Yo ya no jugare más, ahora soy otro. Ya te olvide.

I.J. Vázquez Torres ©

miércoles, septiembre 09, 2009

EL CAPITULO FINAL


En el corazón de todos, estaba claro que su vida, estuvo llena de triunfos, felicidad, vitalidad, y sobretodo, de amor. Era triste que su fin estuviera tan cerca, eso era indudable. Lucho como sólo él era capaz contra la enfermedad, sorprendiendo a su doctor viviendo más allá de lo pronosticado. A todos les consolaba que llevo una vida plena, sin remordimientos, conciente de que hizo mucho, que vivió a plenitud. Así que tres generaciones se encontraban juntas, celebrando su vida, buscando recuerdos para adornar sus rostros con sonrisas, y abrazos para consolar a los que les era demasiado intenso el viaje por el pasado. Todos entraban y salían del cuarto de hospital donde él reposaba, esperando calmadamente el último suspiro. Sus hijos hablaban entre si, recordando lo maravilloso que fue tenerlo de padre. Una figura imponente, llena de energías positivas, cuya risa contagiaba hasta al más odioso de los vecinos. Amable, con una paciencia que ahora de adultos, se maravillaban. Pocas veces les llego a gritar, y fueron suficientes.

Los nietos secaban sus sollozos relatando bárbaras travesuras, que en ocasiones su abuelo fue cómplice. Siempre lleno de vida, disfrutando cada momento con sus nietos, a veces disciplinando y educando sin que ellos se percataran. Sentados en el piso, estaban los más jóvenes, a quienes aun les era difícil entender lo que estaba próximo a suceder. De todas formas, estaban completamente absortos con los relatos de los mayores, contentos de que ellos también fueron testigos de ese ser tan especial.

A su familia la acompañaban viejos amigos y nuevos amigos. Todos aportaban con relatos de su vida, unos que dibujaban sonrisas, otros que liberaban las lágrimas, y otros que maravillaban. La cantidad de personas, en un principio incomodo a las enfermaras, hasta que lo conocieron.

Cerca de las siete de la noche, ella se estaciono lo más cerca posible de la entrada del hospital, mientras rogaba que sus fuerzas no la abandonaran. En cuanto se enteró, puso todo en pausa, y se encamino a verlo. Necesitaba verlo una vez más, antes de la llegada del fin. Aunque hacia tiempo que no se veían, trataban de mantener el contacto lo más seguido posible. Ahora que estaba en el hospital, la llenaba una tristeza que amenazaba con quitarle el valor. Cerro los ojos, tomo una gran respiración, y cuando el miedo finalmente se disipo, se encamino hacia el tercer piso del hospital. Necesitaba verlo antes de que el ángel de la muerte llegara para llevárselo.

Realmente no estaba atenta a sus alrededores. Mientras el elevador ascendía sin desespero, ella se dedico a orar, pidiéndole a Dios fuerza para poder despedirse. Nuevamente tomo un gran respiro, inhalando el aire desinfectado del hospital, alejando de su mente todos sus temores y dolores. Cuando llego a su destino, emergió del ascensor con la tenacidad y fuerza que la caracterizaban. El piso estaba casi desierto, muchos se habían retirado a dormir, mientras otros estaban comiendo. De los presentes, casi todos estaban luchando contra el sueño. Los más jovencitos jugaban en un rincón, protegidos por su inocencia. Ella los miro, con un poco de pena, pronto la vida les propinaría la peor de las lecciones: todo tiene su final.

Entro a la habitación donde él reposaba, llena de flores y otros mementos. Una de las paredes estaba completamente decorada, con los dibujos de los nietos, mientras que la mesa de noche estaba presente el gran crucifijo que él tanto adoraba. Se acerco pausadamente, adsorbiendo cada instante. Cuando llego a su lado, noto que los años por fin lo alcanzaron. De adolescente siempre le asombraba como él nunca aparentaba su verdadera edad. Se quedo ahí, contemplándolo por una infinidad de minutos, recordando, reviviendo. En sus recuerdos se vio a sí misma de niña, tímida, temerosa, callada, y como él lograba hacerla sonreír, como le brindaba seguridad. Recordó con gran afecto las incontables ocasiones que la tomo en sus brazos, y la inundaba de mimos, hablándole con sumo amor. Su viaje por los recuerdos la llevo a varios momentos importantes de su adolescencia, y como él estuvo presente en alguno de ellos. Las grandes conversaciones, las partidas de ajedrez, incluso las pocas discusiones que tuvieron. Sobretodo recordó su graduación de bachillerato, y como era posible ver manar orgullo de su mirada. “Mi gran arquitecta” le dijo ese día, mientras la apretaba con un abrazo lleno de amor paternal. ¡Cuánto tiempo ha pasado!

Aun estaba flotando en diversas memorias, cuando él abrió sus debilitados ojos. Al verla, le regalo una sonrisa decorada por las líneas del tiempo. Con gran dificultad la llamo por su apodo, una voz frágil que se negaba a permanecer callada. “p r i n c e s a”. Sophia atrapo el llanto dentro de su pecho, deseaba que su despedida fuera alegre, pero cada minuto que pasaba se le hacía más difícil. “Hola Carlos”. Se acero y lo beso en la frente, como él hizo tantas veces con ella. Lo observo con suma concentración, buscando grabar su rostro, temerosa de olvidarlo de no hacerlo. Carlos levanto su mano, y con su dedo seco una lagrima fugitiva, mientras le decía “s o n r i e”. Sophia se trepo a la cama junto a él, abrazándolo, dejando libre el resto de las lagrimas prisioneras. Con gran dificultad Carlos volvió a levantar su mano, y le toco la punta de la nariz, como hizo una infinidad de veces cuando ella era apenas una chiquilla. Ese gesto siempre lo recordaba con ternura, y la ayudo a calmar su pena. Carlos le regalo otra sonrisa, y entre suspiros le dijo “t e q u i e r o, m i p r i n c e s a”, y con esto, cerró los ojos para siempre.

El sol estaba despertando, cuando Sophia llego a su casa. En la sala, medio dormido, su esposo la esperaba, lleno de pena por la perdida de su mujer. Al verla llegar, se allegó a ella, cubriéndola con un abrazo tierno. “Estoy bien” le dijo ella, mientras le depositaba un beso en los labios. Se sentaron en la sala en silencio por unos breves segundos. Sophia comenzó a relatarle diversos recuerdos, hasta que llego al momento final. Sus labios sonrientes en todo momento. Preocupado, su esposo la tomo de las manos, interrumpiendo su relato, mirando sus profundos ojazos negros, le pregunto “amor, ¿estas bien?”. Ella bajo la mirada, comprendiendo la pregunta de su marido. “Me imagino que mi sonrisa te confunde. Mi amor, sonrió porque lo que él más temía, no paso”. Completamente perdido, se acerco a ella, y luego de varios segundo, le pregunto “¿y que era lo más que él temía?”. “Nunca le tuvo miedo a la muerte, pero le provocaba pavor la posibilidad de morir solo. Afortunadamente, murió rodeado por gente que lo amaba, por su familia y sus amigos. Por eso es que sonrío”.

I.J. Vázquez Torres ©

lunes, agosto 24, 2009

ALLÁ TE VERE

En el desierto de tú mirada, me contemplo momentáneamente. Un valle de nada, que se extiende de forma burlona. Quise entenderte, honestamente desee la respuesta que para el dilema que nos abrazaba. Pero nos fue vedada la salida del laberinto del descontento. Ahora son innecesarias las explicaciones, e inconsecuentes las disculpas. Allá en el destierro de nuestra pasión, solamente viven los recuerdos, y de ellos nadie puede subsistir. ¿Qué queda? Vivir hacia delante. Objetar los argumentos del pasado, abrazar el misterio del mañana, renunciar a la fantasía de las posibilidades. No tengo lamentaciones que enumerar, ni reproches por cobrar. Estoy complacido por lo que fue, y me niego a meditar en el ‘tal vez’, o en el ‘si hubiera’. No hay espacio en mi corazón para el ‘quizás’.
Juntos devoramos el mundo, y aun con esa pasión, no fue suficiente. Todo se consumió, y sin dejar rastro, se desvaneció. Por más que busquemos, no queda evidencia de lo que fue. Así que me despido. No un adiós, es tonto creer que eso existe o es posible entre nosotros. Un hasta luego es más apropiado, cuando la vida haga que crucemos caminos, y nuevamente contemplemos la inmensidad de nuestras miradas. Mientras llega ese día, deseo que no pierdas aquello que te hace tan especial, y que retomes el control de tú vida. Que nuevamente seas feliz. Vive libre de las ataduras que algunos te desean imponer. Agarra tus sueños, y trabaja para hacerlos realidad. Eres capaz de todo lo que te propongas, nunca lo dudes.


I.J. Vázquez Torres ©

viernes, agosto 21, 2009

MI GRAN ORGULLO

Carlos caminaba lentamente por la playa, absorbiendo el hermoso panorama que le rodeaba. A su lado estaba su fiel beagle Woodstock, acostumbrado a la rutina de los viernes. El ancestral perro aun preservaba las energías de su juventud, causando asombro en todo aquel que se enteraba de su edad. Cuando llegaron a su punto favorito, se sentaron a reposar, y Carlos comenzó hablarle a Woodstock, como era su costumbre.

Poco a poco Carlos se adentro en sus meditaciones personales, pensando en días pasados, planeando días venideros, jugando con el porvenir. Le encantaba reflexionar sobre diversos temas, y recordar felicidades pasadas. Sobretodo, le agradaba repasar sus triunfos. Sus meditaciones lo llevaron a permanecer en silencio, mientras contemplaba la belleza del océano. Lo embrujaba el ritmo del agua celosa que abrazaba la arena en una danza mágica, llena de secretos, honesta y retante.

Woodstock comenzó a mover su rabo, pues en la lejanía logro divisar quien se acercaba. Lo recordaba con suma alegría, y verlo despertó su alma juguetona. Carlos se volteó a ver quien se acercaba, y comprobó sus sospechas. Era Jeremías. El joven que se acercaba a él se había desarrollado en todo un hombre. Un chico amable, honesto, sincero, y apuesto. Era alto, con una piel blanca que el sol tornaba roja si no se cuidaba. Al verlo caminar se remonto al pasado cuando era un chiquillo que le temía a las olas, y gritaba de emoción cuando el agua lo abrazaba. El tiempo lo convirtió en un joven ejemplar que despertaba gran admiración, y que ahora se adentraba al mundo universitario.

Jeremías se sentó junto a Carlos, mientras Woodstock lo inundaba de besos caninos. El joven dejo libre una carcajada que sirvió para llevar a Carlos a visitar otras memorias de cuando este era un bebé. Durante unos minutos permanecieron callados, admirando la belleza del imponente océano. Las olas cantaban incesantes mientras la brisa refrescaba sus rostros. Al ver el azul cristalino, Jeremías contempló unas imágenes de su infancia. Con algo de duda le pregunto a Carlos “¿alguna vez me llevaste a la playa?, creo recordar algo así.” Los labios de Carlos se abrieron en una sonrisa paternal. Se volteó para verlo mejor y le contesto “eso fue hace mucho tiempo, aun eras un bebé. Caminabas hasta la orilla pero al ver las olas te ibas corriendo. Hasta que tomaste confianza, y con mi ayuda entraste al agua.” Se quedaron mirando el atardecer, conversando sobre diversos temas mientras Woodstock se quedaba dormido. El frío y los mosquitos les obligo a refugiarse en un negocio, donde compartieron un café fuerte pero delicioso.

Luego de varias tazas y muchas palabras, llego el momento de despedirse. Era tarde y ambos estaban cansados. Carlos lo abrazo fuerte, y le dijo “estoy orgulloso de ti”. Jeremías le contesto con una sonrisa, alegre porque pudo comprobar que su memoria era cierta, que ese día sucedió en realidad. Una de sus memorias más remotas y una de las más felices.

miércoles, agosto 05, 2009

SIN EXCUSAS

Primer Movimiento: Sonata

El estruendo retumbo las paredes del diminuto cuarto, quebrando con violencia el silencio asfixiante…y la bala no lo mato…

Despertó luego de un tiempo indeterminado ante la presencia de unos ojos color zafiro. Entre toda la confusión, el único sonido distinguible era el “shhh” que emanaba de labios llenos de dulzura angelical. En un instante regreso a la paz del mundo de los sueños.

Despertó. Lo rodeaba una nube gris de confusión que lo dejaba inmóvil y temeroso. Se dio a la tarea de estudiar sus alrededores antes de tomar una decisión. Ante su vista se encontraba un cuarto de dimensiones cómodas, pintado de color terracota. En la pared opuesta de la cama se encontraba un solitario Kandinsky. Paso varios segundos contemplándolo, hasta que finalmente se digno a explorar el resto de la habitación. Al lado derecho de la cama noto una diminuta mesa de estilo indeterminado. Lo único que ocupaba la mesa era el extenso y confuso volumen de Thomas Pynchon. Lo que le perturbaba era como podía reconocer estas cosas, y al mismo tiempo ignorar quien era, y como había adquirido estos conocimientos.

Las semanas se deslizaban indiferentes a todo. Las visitas de la mujer eran breves y concisas, hasta que una tarde de junio ella quebró la rutina y le pregunto “¿cómo te llamas?”. Tratando de recuperar sus pensamientos de la niebla del coma, el contesto con esfuerzo “Deckard”. Ella soltó una carcajada llena de juventud que no le era propio. Llena de coquetería le replico “Y dime Deckard, ¿puedes recordar tu primer nombre?”. El rostro de Deckard fue invadido por el rojo de la vergüenza. Ni siquiera sabia donde estaba ni como había llegado a ese misterioso cuarto. Todo era como una niebla que imposibilitaba observar un paraje hermoso al pie de una colina. El estaba seguro que había algo que recordar, pero le era imposible determinar que. De lo único que tenia certeza era que algo horrible ocurrió en un pasado no muy distante. Llena de compasión ella le tomo la mano a la vez que le indicaba como revelando un gran misterio cósmico “Harry, te llamas Harry”.

El nombre de su enfermera era Tessa, quien se negó a suplir un apellido. Sus conversaciones eran breves e insignificantes, lo cual con el tiempo se torno un ejercicio odioso para Harry. Sus intentos de ejercitar su memoria eran recibidos con poca cordialidad por parte de Tessa, quien por alguna razón, no lo dejaba salir de la habitación. Un día tan indistinguible como los demás, Harry tomo la decisión de desobedecer, y salir de la recamara. Se acerco con incertidumbre a la puerta color marrón claro y adornos estilos góticos. Una vez frente a la puerta, se detuvo; atacado por un breve episodio de inseguridad. Sin embargo su deseo explorar la casa supero el de regresar a la cama.



Segundo Movimiento: Andante

Al abrir la puerta se topo con un largo pasillo que llevaba a una escalera. Salió despacio de su cuarto, mirando a su alrededor y notando más cosas que podía identificar…pero que ignoraba como lo sabia. Objetos como una pequeña reproducción de la Pietà, lo que aparentaba ser un original de Rodin, y otros más. El eclecticismo de la casa era inaudito, y a la vez hermoso. Para cuando llego a las escaleras, Harry olvido por completo las razones para salir de su cuarto. Solamente deseaba proseguir con su exploración. Poco a poco fue bajando las escaleras, que aparentaban llevar meses sin ser limpiadas. El polvo y las telas de araña se apoderaban de todos los espacios disponibles, un hecho que Harry decidió ignorar.
Una vez llego al último escalón, noto la completa ausencia de muebles. Camino despacio, tropezándose con un océano compuesto por las obras de Kigplin, Quiroga, Prachett, Gailman, Borges, Rushdie, Kafka, Sastre, Herbert, Heidegger, Dewey, Crowley, y muchos otros. Lo que más le llamo la atención fue una palabra escrita en la pared más grande de la sala. Una sola palabra. La calidad era pésima, como si hubiese sido escrita por un gigantesco niño de 5 años. En la pared se podía leer “OMNIUS”. Por alguna razón la palabra le provoco escalofríos, y fue invadido por el irracional deseo de correr y esconderse bajo las sabanas como cuando era un chiquillo.
Todo lo que encontraba en la casa revelaba un caos en los gustos de su dueño. Una especia de sensibilidad estética que insinuaba una mezcla entre las ideas de Dalí y Picasso. Cada vez que entraba en una habitación aumentaba su sentido de incomodidad, de que estaba invadiendo el espacio de otro. Su mente era invadida por una variedad de sensaciones. Entre ellas, la de que algo malo había sucedido aumentaba a niveles logarítmicos. Pero humano al fin, deseaba explorar más, y adquirir una visión más clara de aquella casa. Así que prosiguió su exploración. Sus pasos lo llevaron a una oficina, llena de periódicos, y un estante repleto de Jodorowsky, Dargento, Fulci, Bava, Deonato, Romero, Paolo Pasolini, y otros proscritos. En el majestuoso escritorio noto la acumulación casi sicótica de columnas de periódicos. Tomo uno al azar cuyo titular no comprendió. El mismo decía “¡YA SON 1 MILLÓN!” Tomo otro que proclamaba “EL CDC SIN RESPUESTAS”. Esas siglas le eran familiares, y una chispa del pasado se encendió, pero sin brindar mayor claridad sobre el pasado.
Rodeo el escritorio para sentarse, ya comenzaba a fatigarse y se encontraba lejos del cuarto. Removió de la patética silla a Marx, Hegels, Albizú, Mao, Adler, Hamilton, Smith, Hayek, Tocqueville, Lovecraft y Bhagavad Gita. En la comodidad de la ajena pero familiar recamara comenzó a revisar los rotativos con mayor empeño. Cada titular era como la pieza de un rompecabezas al que le falta la caja. Luego de revisar varias decenas, el enigma tomo sentido. Harry llego a la conclusión de que el mundo estaba enfermo…o lo estuvo.
Al día siguiente regreso a la oficina dispuesto a leer el resto de los periódicos, junto a un diario que encontró en la gaveta de su mesita de noche. Al ignorar la fecha actual, no pudo determinar cuanto tiempo había transcurrido desde las fechas de publicación. La revelación fue perturbadora. Una rara enfermedad surgió de la nada. Al inicio el mundo se mantuvo inalterado, caminando en la rutina diaria, sin gastar muchas neuronas en pensar en la situación. Eran unos cuantos casos que se limitaban a las zonas más pobres y desoladas. Se llego a pensar que las clases sociales más afortunadas eran inmunes o incapaces de contagiarse. Dicha creencia no perduro, pues en poco tiempo la infección se regó por las ciudades atacando a todos por igual. Los casos aumentaban a un nivel que desafiaba las matemáticas y las normas de microbiología e infectología existentes. Pronto los pueblos dejaron el sentido común a un lado y se dejaron llevar por el miedo y los instintos. Cada vez que se reportaba un aumento en los casos o una nueva muerte, el salvajismo y la violencia se tornaban peores. Las personas se mataban literalmente en las tiendas, luchando por la última caja de mascarillas. La anarquía reinaba por doquier. Eventualmente el miedo llego al gobierno, que se vio en la obligación de activar el ejército para vigilar los hospitales, a los supermercados, y a otros incontables comercios.
Y de repente, llego el silencio. Las metrópolis y los pueblecitos estaban perdiendo a diario a sus habitantes, hasta que llego el día en que la existencia de las multitudes paso al olvido. El asombro de Harry pronto se transformo en la tristeza más apabullante de su vida. Cerca del final solamente dos periódicos permanecían de pie, publicando en una testarudez admirable. Estos hablaban de ciudades que eran tragadas por la basura, mientras el eco de la ausencia de vida humana lo invadía todo. Comentaban de batallas bíblicas que dejaron lugares como Central Park convertido en un carbón humeante y apestoso. En los últimos números que fueron publicados el editor lamentaba lo de Japón, mientras que festejaba el fin de Israel y Palestina. No pudo más. Harry dejo de leer, convencido de que el mundo fue limpiado…de seres humanos.

Tercer Movimiento: Allegro

Cuando se repuso tomo el diario. “Que tipo más odioso” pensó luego de leer las primeras entradas. Desarrollo una antipatía inmensa por el hombre que pensaba que la plaga era la solución para la pobreza. ¿Cómo era posible que existiera una mente tan bárbara? El autor de ese diario mostraba un desdén por la sociedad increíble…hasta que se encontró solo. Harry lloro por el dolor ajeno, su desagrado transformado en compasión por el suicida lo llevo a guardar luto por un desconocido.

En esos días de exploración, las visitas de Tessa eran esporádicas y fugases. Ella le hablaba con ternura ensayada y limitada atención. Esto cambio cuando lo vio vestido completamente de negro, y la cabeza rapada. “Encontré una maquinita…y como casi todo en mi vida, sabia cual era la función, pero nada más”. Tessa se acerco algo preocupada, observando con detenimiento el atuendo de su paciente con un interés antropológico. Finalmente lo tomo de la mano y lo llevo a la cama. El silencio entre ellos era hermoso, envuelto en el cariño que emanaba de ella. Le tomo la presión, reviso su temperatura, sus vendajes, sus pupilas y reflejos. Incluso le realizo una examinación neurológica básica. Satisfecha con los resultados le dijo “haz salido del cuarto” en un tono ausente de reproche. “El aburrimiento mata” le contesto Harry con una sonrisa juvenil. “Pero me agrada la decoración caótica de la casa”. Ella dejo escapar una diminuta carcajada mientras se sentaba a su lado. “Si, el Dr. Kubrick tiene gustos algo dispares”.

- ¿Aun sigue amnésico?
- Si Doctor.
- Sigue cuidándolo.
- ¿No lo visitara?
- El momento no es el correcto. Pronto.

El tiempo pasaba desapercibido. Finalmente Harry le pregunto la fecha, lo cual por alguna razón le proveyó un sentido de normalidad a su vida como amnésico. Las visitas de Tessa aumentaron, lo cual agrado a Harry. Su mente se llenaba de un temor y una ansiedad inexplicables si pasaba mucho tiempo solo.
Sus conversaciones se hicieron normales, pues poco a poco desapareció la relación enfermera-paciente. Jugaban backgammon por eternidades, contemplaban el alba con total concentración, intercambiaban ideas, y llego el momento en que se hicieron amigos. Pronto el mundo se expandió al patio de la casa, que era realmente un parque con una variedad de flores y árboles que inundaban el ojo de una belleza forjada por una alianza entre el hombre y la naturaleza.
Un día mientras caminaban alrededor de un estanque repleto de peces multicolores, Harry tomo una rosa y se la puso en el pelo a Tessa. Intercambiaron sonrisas mientras la brisa primaveral refrescaba sus cuerpos. Se miraron fijamente, llevando una conversación entera sin necesidad de palabras. Con seguridad recordada, Harry se acerco a Tessa, la tomo delicadamente por el rostro, y la beso.
La rutina se transmuto en algo hermoso. Harry esperaba todos los días la llegada de su “ángel”. Ella acepto el apodo, reconociendo en el mismo un gesto honesto de amor. Todo adquirió un nuevo sentido. Las comidas sabían diferente, más exquisitas. Los colores eran más brillantes, las pinturas revelaban más significados, y la vida era bella. Eventualmente llego la intimidad. Fue un acto hermoso, lleno de pasión romántica. Se complacieron mutuamente, y al concluir, descansaron en un abrazo repleto de seguridad. Era claro, se amaban.

Cuarto Movimiento: Dirge

“Cuéntame lo que paso”. Ella cerró los ojos. El día que tanto temía llego. El Doctor se lo advirtió. Lo tomo de la mano, y prosiguió su caminata, buscando la forma correcta de explicarle. Estaba tan absorta en sus pensamientos, que no se percato que se alejaba de la mansión. Llegaron a un paraje nuevo, a unos minutos de la mansión estilo Dakota. Era el borde de una hermosa colina, con una vista a un valle; donde era posible ver las ruinas de la ciudad. “Como leíste en los periódicos, una enfermedad arrazo con todo. La destrucción que ves fue hecha por las personas, reos del miedo y la ignorancia. La cantidad de muertes por la enfermedad…” Harry la interrumpió con un gesto gentil, y le dijo “Me refiero a mí”. Lo miro llena de compasión y miedo. Tessa sabía que este día era inescapable, pero no pudo evitar ser invadida por el deseo de evadirlo. “Es cierto que te llamas Harry Deckard. Tu memoria esta fragmentada…algo confusa, aunque preservas todas las funciones cognitivas superiores…lo cual ya has notado… Mi amor, deseo ayudarte a recordar más, pero debo consultar con el Doctor”. Harry accedió. La abrazo y la beso, sintiendo un sabor salado en sus labios. Se despego sorprendido y le pregunto “¿por qué lloras?”.

Se encontraba prisionera entre su función como enfermera y la de pareja. Lo amaba profundamente, pero le aterraba la idea de que Harry recordara. En lo más profundo de su ser, estaba el miedo de perderlo si esto llegaba a ocurrir. Se acerco con lentitud medida al Doctor, quien estaba absorto en un viejo volumen de Jung. “Esto es verdaderamente una pieza de museo. Es un original”, le dijo el doctor sin despegar los ojos del papel. “Desconocía que supiera alemán” le dijo Tessa en un tono desinteresado. Finalmente Kubrick se volteo a mirarla. Sintiendo incomodidad en la mirada de su enfermera, decidió ayudarla. “Vienes por él, deseas saber si es correcto decirle que intento volarse la cabeza”. Su crudeza no era por crueldad. El doctor era un hombre con una enorme capacidad intelectual, pero que carecía totalmente de tacto. Tessa bajo la mirada mientras lloraba. Cuando pudo respirar cómodamente le dijo “temo perderlo. Me aterra que una vez sepa, todas las otras memorias regresen. Me horroriza que en realidad sea el tipo que escribió ese horrible diario. Me he enamorado del hombre que esta en el segundo piso, el Harry amable y delicado. El hombre que disfruta de conversar, de este nuevo ser nacido de una tragedia…”. Las lágrimas volvieron a ahogarla, no pudo resistirlo y se sentó en el suelo abandonando todo decoro. Con porte adquirido por una vida militar, el Doctor se acerco a ella, y se sentó a su lado. “Tiene derecho a recuperar sus memorias. ¿Quiénes somos para decidir que su pasado quede en sombras?”

“¿Cuándo conoceré en persona al doctor?” le pregunto Harry una tarde tibia de octubre, mientras contemplaban los rojos celestes del ocaso. “El doctor es un hombre muy ocupado, realmente no se”. Harry bajo la mirada para buscar los ojos de su amada, con una risa atravesándole el rostro. Luego de unos segundos dónde lucho contra el deseo de reírse, le contesto en tono jocoso “¿ocupado? Somos solamente nosotros tres.” Ella suspiro, incapaz de escapar la mirada de su amado. Mientras le acariciaba el brazo le contesto “Kubrick es un intelectual. Pasa largas horas leyendo tomos te diversos temas. Y si, es algo absurdo cuando ya no existen revistas profesionales donde publicar sus hallazgos, pero ese es él. Pero créeme, pronto lo conocerás”. Harry aceptó la explicación, su confianza en su mujer era absoluta.

No fueron los gritos lo que la despertaron, sino los movimientos bruscos de su amado. Harry estaba enfrascado en una terrible pesadilla. Al despertar ella lo consoló, sus manos de ángel acariciandolo, y cuando esto fracaso lo apretó contra ella. Tessa se encontraba sumida en una angustia sin par. “¡Era horrible!” finalmente le dijo Harry. “Estaba en una ciudad desolada. Solamente habían cuerpos…y cuervos comiéndoselos. Yo estaba tan solo… ¡Era espantoso!”

Las pesadillas se tornaron en una rutina. Al comentárselo al doctor este simplemente le cambio el tema. En un momento lleno de cólera, Tessa lo agarro por los hombres y le grito “¡POR QUÉ NO LO AYUDAS!”. Completamente carente de emoción, el doctor le contesto “esto es algo que él necesita enfrentar. Déjalo que luche contra sus demonios internos. Te aseguro que pronto lo veré, con todo lo que eso implica”. Sus ojos eran un abismo sin fin. Ella no soporto contemplarlo por más tiempo y bajo la mirada derrotada, sin soltarlo. Su desespero era grande, al punto que ya no le importaba si le faltaba el respeto a su patrono. “Es demasiado para él, y no es justo que usted este aquí releyendo tomos que ya se conoce de rabo a cabo. Nunca le he cuestionado su actitud, pero ahora me temo que no puedo seguir este juego. Simplemente explíqueme porque no lo puede ver ahora, porque es tan importante que sufra, que tema el quedarse dormido…por favor”. Kubrick miro las manos que lo apretaban, y con un gesto amable se las quito. Con gentileza paternal la llevo a una silla. Una vez sentada la miro por un minuto, al cabo del cual le pregunto “¿realmente deseas entender?”. Ella asintió con la cabeza, sus ojos ahogándose en un mar de pena y dolor. Luego de una exagerada pausa, el Dr. Kubrick le explico…

Estaba caminando en un cuarto humildísimo. Las paredes estaban repletas de fotos arrancadas de revistas. Se vio así mismo en el centro de la habitación. Mugriento y en calzoncillos, dando vueltas. De la nada, saco un arma, y se disparó…
Brinco en la cama. Aunque harry ya estaba acostumbrado a las pesadillas, esta era la primera donde se pude ver a si mismo con claridad. Buscando no interrumpir el sueño de Tessa, se levanto de la cama y fue al baño. Se lavo la cara, y se sentó en el inodoro. Lo asediaba una terrible idea. Las pesadillas eran memorias…

Despertó confundido y temeroso, por lo que permaneció inmóvil. La recamara le resultaba familiar, pero algo no estaba correcto, así que se dio a la tarea de estudiar sus alrededores antes de tomar una decisión. Era un cuarto de dimensiones cómodas, pintado de color terracota. En la pared opuesta de la cama se encontraba un solitario Kandinsky…de repente recordó donde estaba. Busco la mesa de noche para confirmar que el tomo de Thomas Pynchon aun estaba ahí. Poco a poco su mente se fue abriendo, hasta que se acordó que faltaba lo más importante. Grito con todas sus fuerzas “¡TEEEESSAAAA!”. Su grito fue contestado por el sonido de alguien corriendo. Al entrar al cuarto, su amada se tropezó con un zapato y callo de cara al piso, pero se incorporo de inmediato. Necesitaba llegar donde Harry. Se apretaron, Tessa sangraba por la nariz pero no le importo. “Fue horrible, desperté y fue como la primera vez…no recordaba nada… ¡NADA!”.

Harry caminaba por la gigantesca sala. La ausencia de muebles le proporcionaba un aire de melancolía que era acentuado por el mar de libros. Como la primera vez, las gigantescas letras todavía lograban incomodarlo. Visito cada habitación del primer piso, y parte del segundo; lleno de enojo y harto de la situación. Sin saber porque, tomo la decisión de encontrar al susodicho Dr. Kubrick. Sin embargo, la expansión de la casa era tal que impedía tal proyecto. Su enojo lo llevo a buscar a Tessa y exigirle que lo llevara a donde el doctor.
Mientras se acercaba a la cocina, escucho un llanto. Inmediatamente cambio la velocidad de sus pasos, y se acerco con lentitud. Cuando estuvo frente a la puerta pudo ver a Tessa sumida en lágrimas. En meros segundo su enojo se trasmuto en preocupación. Entro a la cocina, se allego a ella, y la abrazo con ternura.


- El momento esta cerca.
- Si Doctor.
- No te ves muy contenta.
- Usted ya sabe cual es mi preocupación.
- ¿Cuánto tiempo llevamos cuidándolo del pasado?
- Casi un año.
- Ujum. Creo que pasado mañana es su cumpleaños. Díselo, eso comenzara el proceso.
- Si doctor.


Una soleada tarde de enero, Tessa se acerco a Harry. Lo miraba con demasiada intensidad. El se encontraba absorto en un juego de Sudoku, que de ser un pasatiempo placentero paso a ser un acto que lo ayudaba a manejar el estrés que le provocaba dormir. Ella tomo asiento a su lado, mientras jugaba con su larga cabellara y proseguía mirandolo seriamente. Lo tomo de la mano, y le dio un delicado beso en la mejilla. Con gran ternura le pregunto “mi amor, ¿qué significa ‘weh! Weh! Du hast sie zerstört, die schöne Welt, mit mächtiger sie stürzt, sie zerfält!?’”. Inmediatamente Harry le contesto “significa ‘¡Oh! ¡Oh! ¡El hermoso mundo ha sido destruido, con un poderoso puño ha sido lanzado a la ruina!...” Cuando termino de traducir, bajo la mirada, sorprendido. Poco a poco sus labios se abrieron en una sonrisa sincera, mientras pensaba en voz alta “se alemán”. Tessa le apretó la mano. “Si amor, sabes alemán, entre otras cosas”. Dejando espacio a que su amado asimilara esta nueva memoria, permaneció en silencio. La revelación llevo a Harry a reflexionar, y esa reflexión lo llevo a un nuevo lugar. Se abrieron las puertas, y se vio a si mismo en una hermosa casa, caminando, leyendo, riendo. Repentinamente la escena se transmuto en una donde el desdén era la emoción principal. Estaba acompañado por personas asustadas que trataban de decirle algo, pero el las ignoraba. Al mismo tiempo contemplo una enorme oficina, repleta de personas hablando a la misma vez, mientras que otros pretendían estar laborando. Aun no se acostumbraba a este episodio cuando todo se desvaneció, dando paso a un nuevo escenario. Inmediatamente supo donde estaba. Era la casa de su abuela. Estaba sentado junto a ella, una mujer orgullosa de sus raices, quien siempre insistió para que el aprendiera la lengua materna. Finalmente, recordó una soledad intensa que le quemaba el alma. Poco a poco el dolor en su cabeza regreso con una intensidad salvaje.

Se puso de pie, mientras lloraba como un desdichado. Camino hacia el Kandinsky y con furia lo agarro y lo lanzo por la ventana. Miro a Tessa y le grito “¡QUE FUE LO QUE ME PASO!”. Tomando su papel de enfermera, y con un sufrimiento que le devoraba el alma, Tessa le brindo la respuesta. Harry camino hacia la cama, como si la vida le pesara. Se acostó, mirando el techo, mientras su mente aceptaba la verdad. “Me dispare…”. Tessa se negaba a mirarlo. Se odiaba por haber disipado la sobra del olvido. Con dificultad le reafirmo la verdad. “Si. Por lo que puede reconstruir…llevabas tiempo solo. Supongo que estabas deprimido o desesperado. No se”. El silencio tomo asiento junto a ellos. Cada uno sin moverse, sin mirarse. Cada uno sumido en pensamientos privados, y dolores compartidos. Luego de incontables minutos, Tessa se acostó junto a su amado, y lo abrazo. Entre sollozos lo besaba, buscando consolarlo. Esa noche se amaron con ternura exagerada.

Esa mañana fue diferente a las anteriores. Luego de días viviendo de manera fragmentada, la verdad, o al menos parte de la misma; se integro a la vida de Harry. Una memoria poderosa. Un episodio lleno de amargura, capaz de quebrar el alma, tanto de los débiles como los fuertes de espíritu.
Harry se deslizaba en círculos, persiguiendo sus pisadas. Su mente lo obligaba a recordar el fatídico incidente, mismo que analizaba con un interés que rayaba en lo morboso. El arma. La soledad. El miedo. El diario…

Cuando Tessa dio fin a su viaje en el mundo de los sueños, supo que algo importante había transcurrido durante su ausencia. El ennegrecido rostro de su amante lo gritaba a viva voz. Harry no le dio tiempo de saludar, lleno de zozobra, le pregunto más para confirmar que para conocer la respuesta, “yo escribí el diario, ¿verdad? Yo soy el tipo odioso que se alejo del mundo, detestando lo que contemplaba, negando la seriedad de lo que aquejaba al mundo. Yo soy el ser que acepto la muerte de miles a manos de la plaga…el que consideró la infección como la solución a la pobreza…el imbécil que anhelaba la soledad, y una vez la alcanzo no la pudo soportar…y puso una bala en su cabeza”.
Tessa solamente pudo asentir con la cabeza, incapaz de otra reacción. En esos momentos ella no sabía que era peor, si verlo sufrir o el temor de que su miedo tomara forma y Harry retornara a ser como aquel desdichado que se disparo. En ese instante, un gigantesco sentimiento de culpa comenzó a roerle el corazón. El hombre que amaba estaba recuperando su ser, si identidad, un proceso acompañado por intenso dolor, y ella sólo se preocupaba de un probable cambio de personalidad.

- Así que ya sabe lo del intento suicida.
- Si Dr. También que es el autor del diario.
- ¿En serio? ¿Por si mismo?
- Si.
- Mmmmm, el proceso esta acelerándose. Pronto tendré que verlo.
- Si Dr., lo que usted diga.
Ya Tessa se había resignado a que fuera el Doctor quien eligiera cuando ver a Harry.

Una tarde, Harry se acerco a Tessa y le pregunto “¿dónde esta el Kandinsky?” Ella se volteo a mirarlo, llena de pesar ante la pregunta. Mientras se quitaba la ropa le contesto “lo lanzaste por la ventana, ¿recuerdas?”. Con incredulidad en su rostro, Harry se alejo de ella, mientras le contestaba “¿lo lancé?”. Recordando las recomendaciones del doctor, en vez de tratar de convencerlo Tessa le pregunto “¿recuerdas lo que paso ayer? ¿Tus memorias?”. “¿Cuáles memorias?” le contesto con honesta confusión, y visiblemente agitado. Tessa se acerco él, sus instintos de enfermera guiándola.





Réquiem:

El mundo que fue creado por el amor de pareja, poco a poco fue dando paso a uno de perdidas. Harry se fue aislando cada día, tornándose huraño, pensativo, y olvidadizo. Tessa lloraba con mayor frecuencia, y sus lapsos de enfermera aumentaban en duración. Los cambios estaban carentes de patrón alguno, y de lógica. Un día Harry recordaba varios episodios de su vida pasada, para luego simplemente olvidarlos, y luego volverlos a recordar. Su vida se transformo en un constante ‘deja vu’ que le provocaba intensa confusión en Tessa. Y a pesar de todo, se amaban con locura.

“Deseo ver al Doctor” le dijo una tarde mientras se bañaban. Tessa prosiguió lavándole el cabello, mientras digería la petición de su amado. Luego de varios meses, llego el momento que en la profundidad de su alma; estaba segura que era necesario e inescapable. El momento que ella tanto deseaba, pues ya deseaba un reposo de sus funciones de guardiana, mismas que le fueron impuestas. Ante todo, añoraba una vida normal, lejos del fantasma del pasado. Solamente su miedo a lo desconocido, era lo que trataba de frenarla. El terrible miedo a perder todo lo que había construido junto a Harry.
Cuando termino de enjuagarle el cabello, lo abrazo, y le beso la mejilla derecha. Luego de una breve pausa, con voz tenue le contesto “cuando desees”.


- Pronto te pedirá que lo lleves a verme. Cuando eso suceda, debes llevarlo al cuarto contiguo a mi oficina. Recuérdalo, solamente ese cuarto.
- Si Dr.

30 de octubre. Era una mañana húmeda y silenciosa. La casa aún estaba llena del fresco de la noche, ignorando el gran cambio que estaba próximo a venir. Tessa le pregunto porque eligió este día para conocer a Kubrick. La respuesta de Harry la dejo perpleja. “No se” le dijo, “siento que este debe ser el día”. Harry había olvidado la importancia de la fecha. Era el aniversario del fallido suicidio.
Subieron al tercer piso de la humilde mansión, sus pisadas sincronizadas. Los envolvía un silencio religioso que lo arropaba todo a su alrededor. Cuando llegaron frente a la puerta asignada, Harry suspiro. Su mirada se negaba a revelar que pasaba por su mente en esos instantes. Tessa lo beso en la mejilla izquierda con suma delicadeza, y le pregunto “¿aún deseas conocerlo?”. Harry contesto abriendo la puerta.
Detrás de la puerta había una recamara pequeña. Todas las paredes eran espejos. Harry entro poco a poco a la misma, confundido mientras miraba a su alrededor. Cuando llego al centro de la habitación, giro en 360 grados, mirando con detenimiento cada pared, su confusión transfigurándose en cólera. Busco con la mirada a Tessa, quien permanecía en el marco de la puerta. “¿Qué es esto?”, le pregunto agitado. “Si es una broma no me ha gustado. ¿Dónde esta el doctor?”. Tessa entro al cuarto con paso inseguro. Sus músculos se tensaron como si estuviese cometiendo un grave pecado al ingresar en aquella recamara. “Esta aquí” suspiro llena de miedo. Con un grito son comparación, Harry le ordeno a Tessa “¡NO JUEGES CONMIGO! ¡DIME DÓNDE ESTA KUBRICK!”.
El cuarto se lleno de tensión. A pesar de la temperatura la pareja de enamorados sudaba copiosamente. Con el corazón en la mano y sin mirarlo le contesto “Tú eres el Doctor”. Harry se paralizo, como sacudido por una bofetada. Camino hacia atrás mientras las palpitaciones de su corazón aumentaban en violencia. “¿Qué dices?” suspiro cuando se tropezó con una de las paredes. Ella se acerco, llena de compasión. Cuando estuvo a meros centímetros de distancia le dijo “que tu eres el Dr. Kubrick”. Lo tomo de los hombros y lo volteo para que se mirara en el espejo. A Harry se le hizo imposible parpadear. Se miro a si mismo. Alto, blanco, pelo marrón claro. La barba de 5 días invadiéndole el rostro. Levanto su mano y toco su reflejo. Tessa se paro a su lado, silenciosa, incapaz de pronunciar palabra alguna. “No, no tiene sentido. Varias veces fuiste a verlo mientras yo me quedaba haciendo algo…” “¿Estas seguro?”. Harry miro el reflejo de su mujer, mientras que un dolor comenzaba a gestarse. Luego de un breve silencio le contesto “¿Cómo que si estoy seguro”. “El Doctor solamente me hablaba cuando tú dormías”.
Repentinamente múltiples memorias comenzaron a asaltar a Harry. Este cerro sus ojos, mareado, el dolor en su cabeza acrecentándose a cada segundo. Le era imposible distinguirlas, hacer sentido de la maraña de sucesos que su mente le obligaba a contemplar. Era insoportable, y comenzó a gritar. Se arrodillo agarrándose las sienes, el dolor le quebraba el cráneo. Poco a poco su mente fue eligiendo episodios, hasta que 3 predominaron. En una estaba él, vestido con gran finura y elegancia. En esa memoria le hablaba a Tessa con una voz que no era la suya. Educado, pausado, pronunciando correctamente cada palabra.
La otra memoria era de un hombre, que vivía aislado, a pesar de que se pasaba. acompañado. Esa persona era un intelectual, aunque su conducta le contradecía. Déspota, casi racista, insensible. Esa persona un día despertó, y se encontró completamente sola, y fue tanto el dolor de la soledad que se disparo. Cuando el cuerpo cayó al suelo, pude ver su rostro. Era él mismo, sangrando, muriendo. La última memoria estaba envuelta en niebla, era Tessa cuidándolo. Administrándole cuidados médicos con incomparable agilidad.
Cuando te encontré, estabas moribundo. Inmediatamente comenze a trabajar en tu herida, deseosa de que vivieras. Me empujaba el deseo de tener compañía. Un día fui a revisarte, y estabas de pie. Comenzaste hablar…mejor dicho a explicar. Luego de presentarte como el Dr. Kubrick, me brindaste la ayuda necesaria para poder brindarte un mejor tratamiento. La segunda vez que hable con el doctor me pidio que lo ayudara a reparar tus memorias. Fue algo irreal, pero lo acepte. Me advirtió que una vez despertaras no podías saber del pasado, que debía dejar que fueras uniendo fragmentos, hasta que llegara el momento apropiado para traerte aquí, a este cuarto. Siempre estuvo dispuesto a brindarme consejos médicos. Eventualmente comprendí que Kubrick era parte de ti, no una personalidad aparte. Cuando lo confronte lo acepto. Harry, esta es tu casa. Todos los libros, las obras de arte, todo, todo es tuyo. Tú eres Harry Deckard Kubrick”

- ¿Qué sucederá cuando finalmente lo sepa?
- Su mente entrara en conflicto.
- ¿Sufrirá?
- Más allá de toda imaginación.
- Pero, ¿seguirá siendo el Harry que conozco?

Mientras escuchaba toda la revelación, el dolor en su cabeza aumentaba exponencialmente, partiéndole la mente. Se agarro la cabeza, y volvió a gritar con todo su ser. Las tres partes de su mente luchaban por su atención, causando mayor confusión y desorientación en Harry. Se desato una guerra en su mente, ninguna de las facciones dispuesta a un compromiso. Brevemente fue envuelto en una terrible nausea, hasta que su cuerpo cayó al suelo, sus ojos abiertos mirando nada. Tessa se acerco llorosa al cuerpo inerte de Harry. Lo abrazo, lo beso, lo llamo por su nombre. Sus lágrimas continuaban emanando sin freno, hasta que no pudo más y grito “¡VUELVE A MI! ¡NO ME ABANDONES!”. Ahogada en su dolor, Tessa lloro como nunca en su vida. Débil, se acostó al lado de Harry, abrazándolo. Con voz dulce, le dijo “Te amo”.

- ¿Qué si seguirá siendo Harry? No se.

La niebla arropaba todo. Tres hombres miraban al cielo, un grito freno su lucha. Al unísono, reconociendo los tres la voz, dijeron “Tessa”. Entonces hubo silencio. Profundo, inquebrantable. Del silencio que lleva a meditar, y a pensar. Ese silencio previo a una gran revelación. Pero ninguna revelación fue adquirida. El silencio estaba envuelto en nada, y la nada lo cubría todo.

Al principio fue confuso. Luego de semanas de inconciencia, Harry despertó. Era como un niño preguntando el nombre y la función de todo. Tessa se lleno de desesperación, hasta que Harry comenzó a recordar. El proceso fue lento, pero continúo. Ya no estaba el doctor, ni el que escribió el diario, y en cierta medida, tampoco estaba Harry. Se volvieron a conocer aunque él sabía que la amaba. Fue el amor lo único que se mantuvo intacto.
Los meses pasaron y la vida mejoro entre ellos. Juntos organizaron la casa. Los libros fueron puestos en la biblioteca, las paredes pintadas, y los cuartos innecesarios clausurados. Y llego el día en que fueron 3. Cuando Xavier cumplió su primer año Tessa le pregunto a Harry “¿buscaremos a otros sobrevivientes?”. El la miro, y luego contemplo la hermosura de su hijo. Luego de examinar las opciones le contesto “eventualmente”.


I.J. Vázquez Torres ©

viernes, julio 24, 2009

SIN EXCUSAS

SIN EXCUSAS

El estruendo retumbo las paredes del diminuto cuarto, quebrando con violencia el silencio asfixiante…y la bala no lo mato…

Despertó luego de un tiempo indeterminado ante la presencia de unos ojos color zafiro. Entre toda la confusión, el único sonido distinguible era el “shhh” que emanaba de labios llenos de dulzura angelical. En un instante regreso a la paz del mundo de los sueños.

Despertó. Lo rodeaba una nube gris de confusión que lo dejaba inmóvil y temeroso. Se dio a la tarea de estudiar sus alrededores antes de tomar una decisión. Ante su vista se encontraba un cuarto de dimensiones cómodas, pintado de color terracota. En la pared opuesta de la cama se encontraba un solitario Kandinsky. Paso varios segundos contemplándolo, hasta que finalmente se digno a explorar el resto de la habitación. Al lado derecho de la cama noto una diminuta mesa de estilo indeterminado. Lo único que ocupaba la mesa era el extenso y confuso volumen de Thomas Pynchon. Lo que le perturbaba era como podía reconocer estas cosas, y al mismo tiempo ignorar quien era, y como había adquirido estos conocimientos.

Las semanas se deslizaban indiferentes a todo. Las visitas de la mujer eran breves y concisas, hasta que una tarde de junio ella quebró la rutina y le pregunto “¿cómo te llamas?”. Tratando de recuperar sus pensamientos de la niebla del coma, el contesto con esfuerzo “Deckard”. Ella soltó una carcajada llena de juventud que no le era propio. Llena de coquetería le replico “Y dime Deckard, ¿puedes recordar tu primer nombre?”. El rostro de Deckard fue invadido por el rojo de la vergüenza. Ni siquiera sabia donde estaba ni como había llegado a ese misterioso cuarto. Todo era como una niebla que imposibilitaba observar un paraje hermoso al pie de una colina. El estaba seguro que había algo que recordar, pero le era imposible determinar que. De lo único que tenia certeza era que algo horrible ocurrió en un pasado no muy distante. Llena de compasión ella le tomo la mano a la vez que le indicaba como revelando un gran misterio cósmico “Harry, te llamas Harry”.

El nombre de su enfermera era Tessa, quien se negó a suplir un apellido. Sus conversaciones eran breves e insignificantes, lo cual con el tiempo se torno un ejercicio odioso para Harry. Sus intentos de ejercitar su memoria eran recibidos con poca cordialidad por parte de Tessa, quien por alguna razón, no lo dejaba salir de la habitación. Un día tan indistinguible como los demás, Harry tomo la decisión de desobedecer, y salir de la recamara. Se acerco con incertidumbre a la puerta color marrón claro y adornos estilos góticos. Una vez frente a la puerta, se detuvo; atacado por un breve episodio de inseguridad. Sin embargo su deseo explorar la casa supero el de regresar a la cama.
Al abrir la puerta se topo con un largo pasillo que llevaba a una escalera. Salió despacio de su cuarto, mirando a su alrededor y notando más cosas que podía identificar…pero que ignoraba como lo sabia. Objetos como una pequeña reproducción de la Pietà, lo que aparentaba ser un original de Rodin, y otros más. El eclecticismo de la casa era inaudito, y a la vez hermoso. Para cuando llego a las escaleras, Harry olvido por completo las razones para salir de su cuarto. Solamente deseaba proseguir con su exploración. Poco a poco fue bajando las escaleras, que aparentaban llevar meses sin ser limpiadas. El polvo y las telas de araña se apoderaban de todos los espacios disponibles, un hecho que Harry decidió ignorar.
Una vez llego al último escalón, noto la completa ausencia de muebles. Camino despacio, tropezándose con un océano compuesto por las obras de Kigplin, Quiroga, Prachett, Gailman, Borges, Rushdie, Kafka, Sastre, Herbert, Heidegger, Dewey, Crowley, y muchos otros. Lo que más le llamo la atención fue una palabra escrita en la pared más grande de la sala. Una sola palabra. La calidad era pésima, como si hubiese sido escrita por un gigantesco niño de 5 años. En la pared se podía leer “OMNIUS”. Por alguna razón la palabra le provoco escalofríos, y fue invadido por el irracional deseo de correr y esconderse bajo las sabanas como cuando era un chiquillo.
Todo lo que encontraba en la casa revelaba un caos en los gustos de su dueño. Una especia de sensibilidad estética que insinuaba una mezcla entre las ideas de Dalí y Picasso. Cada vez que entraba en una habitación aumentaba su sentido de incomodidad, de que estaba invadiendo el espacio de otro. Su mente era invadida por una variedad de sensaciones. Entre ellas, la de que algo malo había sucedido aumentaba a niveles logarítmicos. Pero humano al fin, deseaba explorar más, y adquirir una visión más clara de aquella casa. Así que prosiguió su exploración. Sus pasos lo llevaron a una oficina, llena de periódicos, y un estante repleto de Jodorowsky, Dargento, Fulci, Bava, Deonato, Romero, Paolo Pasolini, y otros proscritos. En el majestuoso escritorio noto la acumulación casi sicótica de columnas de periódicos. Tomo uno al azar cuyo titular no comprendió. El mismo decía “¡YA SON 1 MILLÓN!” Tomo otro que proclamaba “EL CDC SIN RESPUESTAS”. Esas siglas le eran familiares, y una chispa del pasado se encendió, pero sin brindar mayor claridad sobre el pasado.
Rodeo el escritorio para sentarse, ya comenzaba a fatigarse y se encontraba lejos del cuarto. Removió de la patética silla a Marx, Hegels, Albizú, Mao, Adler, Hamilton, Smith, Hayek, Tocqueville, Lovecraft y Bhagavad Gita. En la comodidad de la ajena pero familiar recamara comenzó a revisar los rotativos con mayor empeño. Cada titular era como la pieza de un rompecabezas al que le falta la caja. Luego de revisar varias decenas, el enigma tomo sentido. Harry llego a la conclusión de que el mundo estaba enfermo…o lo estuvo.
Al día siguiente regreso a la oficina dispuesto a leer el resto de los periódicos, junto a un diario que encontró en la gaveta de su mesita de noche. Al ignorar la fecha actual, no pudo determinar cuanto tiempo había transcurrido desde las fechas de publicación. La revelación fue perturbadora. Una rara enfermedad surgió de la nada. Al inicio el mundo se mantuvo inalterado, caminando en la rutina diaria, sin gastar muchas neuronas en pensar en la situación. Eran unos cuantos casos que se limitaban a las zonas más pobres y desoladas. Se llego a pensar que las clases sociales más afortunadas eran inmunes o incapaces de contagiarse. Dicha creencia no perduro, pues en poco tiempo la infección se regó por las ciudades atacando a todos por igual. Los casos aumentaban a un nivel que desafiaba las matemáticas y las normas de microbiología e infectología existentes. Pronto los pueblos dejaron el sentido común a un lado y se dejaron llevar por el miedo y los instintos. Cada vez que se reportaba un aumento en los casos o una nueva muerte, el salvajismo y la violencia se tornaban peores. Las personas se mataban literalmente en las tiendas, luchando por la última caja de mascarillas. La anarquía reinaba por doquier. Eventualmente el miedo llego al gobierno, que se vio en la obligación de activar el ejército para vigilar los hospitales, a los supermercados, y a otros incontables comercios.
Y de repente, llego el silencio. Las metrópolis y los pueblecitos estaban perdiendo a diario a sus habitantes, hasta que llego el día en que la existencia de las multitudes paso al olvido. El asombro de Harry pronto se transformo en la tristeza más apabullante de su vida. Cerca del final solamente dos periódicos permanecían de pie, publicando en una testarudez admirable. Estos hablaban de ciudades que eran tragadas por la basura, mientras el eco de la ausencia de vida humana lo invadía todo. Comentaban de batallas bíblicas que dejaron lugares como Central Park convertido en un carbón humeante y apestoso. En los últimos números que fueron publicados el editor lamentaba lo de Japón, mientras que festejaba el fin de Israel y Palestina. No pudo más. Harry dejo de leer, convencido de que el mundo fue limpiado…de seres humanos.
Cuando se repuso tomo el diario. “Que tipo más odioso” pensó luego de leer las primeras entradas. Desarrollo una antipatía inmensa por el hombre que pensaba que la plaga era la solución para la pobreza. ¿Cómo era posible que existiera una mente tan bárbara? El autor de ese diario mostraba un desdén por la sociedad increíble…hasta que se encontró solo. Harry lloro por el dolor ajeno, su desagrado transformado en compasión por el suicida lo llevo a guardar luto por un desconocido.

En esos días de exploración, las visitas de Tessa eran esporádicas y fugases. Ella le hablaba con ternura ensayada y limitada atención. Esto cambio cuando lo vio vestido completamente de negro, y la cabeza rapada. “Encontré una maquinita…y como casi todo en mi vida, sabia cual era la función, pero nada más”. Tessa se acerco algo preocupada, observando con detenimiento el atuendo de su paciente con un interés antropológico. Finalmente lo tomo de la mano y lo llevo a la cama. El silencio entre ellos era hermoso, envuelto en el cariño que emanaba de ella. Le tomo la presión, reviso su temperatura, sus vendajes, sus pupilas y reflejos. Incluso le realizo una examinación neurológica básica. Satisfecha con los resultados le dijo “haz salido del cuarto” en un tono ausente de reproche. “El aburrimiento mata” le contesto Harry con una sonrisa juvenil. “Pero me agrada la decoración caótica de la casa”. Ella dejo escapar una diminuta carcajada mientras se sentaba a su lado. “Si, el Dr. Kubrick tiene gustos algo dispares”.

- ¿Aun sigue amnésico?
- Si Doctor.
- Sigue cuidándolo.
- ¿No lo visitara?
- El momento no es el correcto. Pronto.

El tiempo pasaba desapercibido. Finalmente Harry le pregunto la fecha, lo cual por alguna razón le proveyó un sentido de normalidad a su vida como amnésico. Las visitas de Tessa aumentaron, lo cual agrado a Harry. Su mente se llenaba de un temor y una ansiedad inexplicables si pasaba mucho tiempo solo.
Sus conversaciones se hicieron normales, pues poco a poco desapareció la relación enfermera-paciente. Jugaban backgammon por eternidades, contemplaban el alba con total concentración, intercambiaban ideas, y llego el momento en que se hicieron amigos. Pronto el mundo se expandió al patio de la casa, que era realmente un parque con una variedad de flores y árboles que inundaban el ojo de una belleza forjada por una alianza entre el hombre y la naturaleza.
Un día mientras caminaban alrededor de un estanque repleto de peces multicolores, Harry tomo una rosa y se la puso en el pelo a Tessa. Intercambiaron sonrisas mientras la brisa primaveral refrescaba sus cuerpos. Se miraron fijamente, llevando una conversación entera sin necesidad de palabras. Con seguridad recordada, Harry se acerco a Tessa, la tomo delicadamente por el rostro, y la beso.
La rutina se transmuto en algo hermoso. Harry esperaba todos los días la llegada de su “ángel”. Ella acepto el apodo, reconociendo en el mismo un gesto honesto de amor. Todo adquirió un nuevo sentido. Las comidas sabían diferente, más exquisitas. Los colores eran más brillantes, las pinturas revelaban más significados, y la vida era bella. Eventualmente llego la intimidad. Fue un acto hermoso, lleno de pasión romántica. Se complacieron mutuamente, y al concluir, descansaron en un abrazo repleto de seguridad. Era claro, se amaban.

“Cuéntame lo que paso”. Ella cerró los ojos. El día que tanto temía llego. El Doctor se lo advirtió. Lo tomo de la mano, y prosiguió su caminata, buscando la forma correcta de explicarle. Estaba tan absorta en sus pensamientos, que no se percato que se alejaba de la mansión. Llegaron a un paraje nuevo, a unos minutos de la mansión estilo Dakota. Era el borde de una hermosa colina, con una vista a un valle; donde era posible ver las ruinas de la ciudad. “Como leíste en los periódicos, una enfermedad arrazo con todo. La destrucción que ves fue hecha por las personas, reos del miedo y la ignorancia. La cantidad de muertes por la enfermedad…” Harry la interrumpió con un gesto gentil, y le dijo “Me refiero a mí”. Lo miro llena de compasión y miedo. Tessa sabía que este día era inescapable, pero no pudo evitar ser invadida por el deseo de evadirlo. “Es cierto que te llamas Harry Deckard. Tu memoria esta fragmentada…algo confusa, aunque preservas todas las funciones cognitivas superiores…lo cual ya has notado… Mi amor, deseo ayudarte a recordar más, pero debo consultar con el Doctor”. Harry accedió. La abrazo y la beso, sintiendo un sabor salado en sus labios. Se despego sorprendido y le pregunto “¿por qué lloras?”.

Se encontraba prisionera entre su función como enfermera y la de pareja. Lo amaba profundamente, pero le aterraba la idea de que Harry recordara. En lo más profundo de su ser, estaba el miedo de perderlo si esto llegaba a ocurrir. Se acerco con lentitud medida al Doctor, quien estaba absorto en un viejo volumen de Jung. “Esto es verdaderamente una pieza de museo. Es un original”, le dijo el doctor sin despegar los ojos del papel. “Desconocía que supiera alemán” le dijo Tessa en un tono desinteresado. Finalmente Kubrick se volteo a mirarla. Sintiendo incomodidad en la mirada de su enfermera, decidió ayudarla. “Vienes por él, deseas saber si es correcto decirle que intento volarse la cabeza”. Su crudeza no era por crueldad. El doctor era un hombre con una enorme capacidad intelectual, pero que carecía totalmente de tacto. Tessa bajo la mirada mientras lloraba. Cuando pudo respirar cómodamente le dijo “temo perderlo. Me aterra que una vez sepa, todas las otras memorias regresen. Me horroriza que en realidad sea el tipo que escribió ese horrible diario. Me he enamorado del hombre que esta en el segundo piso, el Harry amable y delicado. El hombre que disfruta de conversar, de este nuevo ser nacido de una tragedia…”. Las lágrimas volvieron a ahogarla, no pudo resistirlo y se sentó en el suelo abandonando todo decoro. Con porte adquirido por una vida militar, el Doctor se acerco a ella, y se sentó a su lado. “Tiene derecho a recuperar sus memorias. ¿Quiénes somos para decidir que su pasado quede en sombras?”

“¿Cuándo conoceré en persona al doctor?” le pregunto Harry una tarde tibia de octubre, mientras contemplaban los rojos celestes del ocaso. “El doctor es un hombre muy ocupado, realmente no se”. Harry bajo la mirada para buscar los ojos de su amada, con una risa atravesándole el rostro. Luego de unos segundos dónde lucho contra el deseo de reírse, le contesto en tono jocoso “¿ocupado? Somos solamente nosotros tres.” Ella suspiro, incapaz de escapar la mirada de su amado. Mientras le acariciaba el brazo le contesto “Kubrick es un intelectual. Pasa largas horas leyendo tomos te diversos temas. Y si, es algo absurdo cuando ya no existen revistas profesionales donde publicar sus hallazgos, pero ese es él. Pero créeme, pronto lo conocerás”. Harry aceptó la explicación, su confianza en su mujer era absoluta.

No fueron los gritos lo que la despertaron, sino los movimientos bruscos de Harry, quien estaba enfrascado en una pesadilla. Al despertar ella lo consoló. Sus manos de ángel lo acariciaron, y cuando esto fracaso lo apretó contra ella, sumida en una angustia sin par. “Era horrible” dijo Harry. “Estaba en una ciudad, desolada. Solamente habían cuerpos y cuervos comiéndoselos. Y estaba solo… completamente solo. ¡Era horrible!”.

Las pesadillas se tornaron en una rutina. Al comentárselo al doctor este simplemente le cambio el tema. En un momento lleno de cólera, Tessa lo agarro por los hombres y le grito “¡POR QUÉ NO LO AYUDAS!”. Completamente carente de emoción, el doctor le contesto “esto es algo que él necesita enfrentar. Déjalo que luche contra sus demonios internos. Te aseguro que pronto lo veré, con todo lo que eso implica”. Sus ojos eran un abismo sin fin. Ella no soporto contemplarlo por más tiempo y bajo la mirada, sin soltarlo. Su desespero era grande, al punto que ya no le importaba si le faltaba el respeto a su patrono. “Es demasiado para él, y no es justo que usted este aquí releyendo tomos que ya se conoce de rabo a cabo. Nunca le he cuestionado su actitud, pero ahora me temo que no puedo seguir este juego. Simplemente explíqueme porque no lo puede ver ahora, porque es tan importante que sufra, que tema el quedarse dormido…por favor”. Kubrick miro las manos que lo apretaban, y con un gesto amable se las quito. Con gentileza paternal la llevo a una silla. Una vez sentada la miro por un minuto, al cabo del cual le pregunto “¿realmente deseas entender?”. Ella asintió con la cabeza, sus ojos ahogándose en un mar de pena y dolor. Luego de una exagerada pausa, el Dr. Kubrick le explico…

Estaba caminando en un cuarto humildísimo. Las paredes estaban repletas de fotos arrancadas de revistas. Se vio así mismo en el centro de la habitación. Mugriento y en calzoncillos, dando vueltas. De la nada, saco un arma, y se disparó…
Brinco en la cama. Aunque harry ya estaba acostumbrado a las pesadillas, esta era la primera donde se pude ver a si mismo con claridad. Buscando no interrumpir el sueño de Tessa, se levanto de la cama y fue al baño. Se lavo la cara, y se sentó en el inodoro. Lo asediaba una terrible idea. Las pesadillas eran memorias…

Despertó confundido y temeroso, por lo que permaneció inmóvil. La recamara le resultaba familiar, pero algo no estaba correcto, así que se dio a la tarea de estudiar sus alrededores antes de tomar una decisión. Era un cuarto de dimensiones cómodas, pintado de color terracota. En la pared opuesta de la cama se encontraba un solitario Kandinsky…de repente recordó donde estaba. Busco la mesa de noche para confirmar que el tomo de Thomas Pynchon aun estaba ahí. Poco a poco su mente se fue abriendo, hasta que se acordó que faltaba lo más importante. Grito con todas sus fuerzas “¡TEEEESSAAAA!”. Su grito fue contestado por el sonido de alguien corriendo. Al entrar al cuarto, su amada se tropezó con un zapato y callo de cara al piso, pero se incorporo de inmediato. Necesitaba llegar donde Harry. Se apretaron, Tessa sangraba por la nariz pero no le importo. “Fue horrible, desperté y fue como la primera vez…no recordaba nada… ¡NADA!”.

Harry caminaba por la gigantesca sala. La ausencia de muebles le daba un aire de melancolía que era acentuado por el mar de libros. Mientras que las gigantescas letras todavía lograban incomodarlo sobremanera. Visito todos los cuartos de la casa, lleno de enojo y harto de la situación. Sin saber porque, tomo la decisión de encontrar al famoso Dr. Kubrick. Sin embargo, la expansión de la casa era tal que impedía la realización de tal proyecto. Su enojo lo llevo a la cocina para buscar a Tessa y exigirle que lo llevara a donde Kubrick.
Mientras se acercaba a la cocina escucho un llanto. Inmediatamente cambio la velocidad de sus pasos, y se acerco con lentitud. Cuando estuvo frente a la puerta pudo ver a Tessa sumida en lágrimas. En meros segundos su enojo se trasmuto en preocupación. Se acerco, y la abrazo.

- El momento esta cerca.
- Si Doctor.
- No te ves muy contenta.
- Usted ya sabe cual es mi preocupación.
- ¿Cuánto tiempo llevamos cuidándolo del pasado?
- Casi un año.
- Ujum. Creo que pasado mañana es su cumpleaños. Díselo, eso comenzara el proceso.
- Si doctor.

Era un nuevo día. Harry le levanto de la cama, dispuesto a no permitir que nada arruinara el día de su cumpleaños. Fiel a la rutina, mira a la pared, y quedo inmóvil. El Kadinsky fue cambiado por un Monet. Se quedo paralizado, mirando al intruso. Cuando Tessa salio del baño le pregunto “¿qué paso con el otro cuadro?” “¿Cómo? ¿No recuerdas? Hace tres días dijiste que te cansaste de verlo. Así que lo cambiaste”.