Primer Movimiento: Sonata
El estruendo retumbo las paredes del diminuto cuarto, quebrando con violencia el silencio asfixiante…y la bala no lo mato…
Despertó luego de un tiempo indeterminado ante la presencia de unos ojos color zafiro. Entre toda la confusión, el único sonido distinguible era el “shhh” que emanaba de labios llenos de dulzura angelical. En un instante regreso a la paz del mundo de los sueños.
Despertó. Lo rodeaba una nube gris de confusión que lo dejaba inmóvil y temeroso. Se dio a la tarea de estudiar sus alrededores antes de tomar una decisión. Ante su vista se encontraba un cuarto de dimensiones cómodas, pintado de color terracota. En la pared opuesta de la cama se encontraba un solitario Kandinsky. Paso varios segundos contemplándolo, hasta que finalmente se digno a explorar el resto de la habitación. Al lado derecho de la cama noto una diminuta mesa de estilo indeterminado. Lo único que ocupaba la mesa era el extenso y confuso volumen de Thomas Pynchon. Lo que le perturbaba era como podía reconocer estas cosas, y al mismo tiempo ignorar quien era, y como había adquirido estos conocimientos.
Las semanas se deslizaban indiferentes a todo. Las visitas de la mujer eran breves y concisas, hasta que una tarde de junio ella quebró la rutina y le pregunto “¿cómo te llamas?”. Tratando de recuperar sus pensamientos de la niebla del coma, el contesto con esfuerzo “Deckard”. Ella soltó una carcajada llena de juventud que no le era propio. Llena de coquetería le replico “Y dime Deckard, ¿puedes recordar tu primer nombre?”. El rostro de Deckard fue invadido por el rojo de la vergüenza. Ni siquiera sabia donde estaba ni como había llegado a ese misterioso cuarto. Todo era como una niebla que imposibilitaba observar un paraje hermoso al pie de una colina. El estaba seguro que había algo que recordar, pero le era imposible determinar que. De lo único que tenia certeza era que algo horrible ocurrió en un pasado no muy distante. Llena de compasión ella le tomo la mano a la vez que le indicaba como revelando un gran misterio cósmico “Harry, te llamas Harry”.
El nombre de su enfermera era Tessa, quien se negó a suplir un apellido. Sus conversaciones eran breves e insignificantes, lo cual con el tiempo se torno un ejercicio odioso para Harry. Sus intentos de ejercitar su memoria eran recibidos con poca cordialidad por parte de Tessa, quien por alguna razón, no lo dejaba salir de la habitación. Un día tan indistinguible como los demás, Harry tomo la decisión de desobedecer, y salir de la recamara. Se acerco con incertidumbre a la puerta color marrón claro y adornos estilos góticos. Una vez frente a la puerta, se detuvo; atacado por un breve episodio de inseguridad. Sin embargo su deseo explorar la casa supero el de regresar a la cama.
Segundo Movimiento: Andante
Al abrir la puerta se topo con un largo pasillo que llevaba a una escalera. Salió despacio de su cuarto, mirando a su alrededor y notando más cosas que podía identificar…pero que ignoraba como lo sabia. Objetos como una pequeña reproducción de la Pietà, lo que aparentaba ser un original de Rodin, y otros más. El eclecticismo de la casa era inaudito, y a la vez hermoso. Para cuando llego a las escaleras, Harry olvido por completo las razones para salir de su cuarto. Solamente deseaba proseguir con su exploración. Poco a poco fue bajando las escaleras, que aparentaban llevar meses sin ser limpiadas. El polvo y las telas de araña se apoderaban de todos los espacios disponibles, un hecho que Harry decidió ignorar.
Una vez llego al último escalón, noto la completa ausencia de muebles. Camino despacio, tropezándose con un océano compuesto por las obras de Kigplin, Quiroga, Prachett, Gailman, Borges, Rushdie, Kafka, Sastre, Herbert, Heidegger, Dewey, Crowley, y muchos otros. Lo que más le llamo la atención fue una palabra escrita en la pared más grande de la sala. Una sola palabra. La calidad era pésima, como si hubiese sido escrita por un gigantesco niño de 5 años. En la pared se podía leer “OMNIUS”. Por alguna razón la palabra le provoco escalofríos, y fue invadido por el irracional deseo de correr y esconderse bajo las sabanas como cuando era un chiquillo.
Todo lo que encontraba en la casa revelaba un caos en los gustos de su dueño. Una especia de sensibilidad estética que insinuaba una mezcla entre las ideas de Dalí y Picasso. Cada vez que entraba en una habitación aumentaba su sentido de incomodidad, de que estaba invadiendo el espacio de otro. Su mente era invadida por una variedad de sensaciones. Entre ellas, la de que algo malo había sucedido aumentaba a niveles logarítmicos. Pero humano al fin, deseaba explorar más, y adquirir una visión más clara de aquella casa. Así que prosiguió su exploración. Sus pasos lo llevaron a una oficina, llena de periódicos, y un estante repleto de Jodorowsky, Dargento, Fulci, Bava, Deonato, Romero, Paolo Pasolini, y otros proscritos. En el majestuoso escritorio noto la acumulación casi sicótica de columnas de periódicos. Tomo uno al azar cuyo titular no comprendió. El mismo decía “¡YA SON 1 MILLÓN!” Tomo otro que proclamaba “EL CDC SIN RESPUESTAS”. Esas siglas le eran familiares, y una chispa del pasado se encendió, pero sin brindar mayor claridad sobre el pasado.
Rodeo el escritorio para sentarse, ya comenzaba a fatigarse y se encontraba lejos del cuarto. Removió de la patética silla a Marx, Hegels, Albizú, Mao, Adler, Hamilton, Smith, Hayek, Tocqueville, Lovecraft y Bhagavad Gita. En la comodidad de la ajena pero familiar recamara comenzó a revisar los rotativos con mayor empeño. Cada titular era como la pieza de un rompecabezas al que le falta la caja. Luego de revisar varias decenas, el enigma tomo sentido. Harry llego a la conclusión de que el mundo estaba enfermo…o lo estuvo.
Al día siguiente regreso a la oficina dispuesto a leer el resto de los periódicos, junto a un diario que encontró en la gaveta de su mesita de noche. Al ignorar la fecha actual, no pudo determinar cuanto tiempo había transcurrido desde las fechas de publicación. La revelación fue perturbadora. Una rara enfermedad surgió de la nada. Al inicio el mundo se mantuvo inalterado, caminando en la rutina diaria, sin gastar muchas neuronas en pensar en la situación. Eran unos cuantos casos que se limitaban a las zonas más pobres y desoladas. Se llego a pensar que las clases sociales más afortunadas eran inmunes o incapaces de contagiarse. Dicha creencia no perduro, pues en poco tiempo la infección se regó por las ciudades atacando a todos por igual. Los casos aumentaban a un nivel que desafiaba las matemáticas y las normas de microbiología e infectología existentes. Pronto los pueblos dejaron el sentido común a un lado y se dejaron llevar por el miedo y los instintos. Cada vez que se reportaba un aumento en los casos o una nueva muerte, el salvajismo y la violencia se tornaban peores. Las personas se mataban literalmente en las tiendas, luchando por la última caja de mascarillas. La anarquía reinaba por doquier. Eventualmente el miedo llego al gobierno, que se vio en la obligación de activar el ejército para vigilar los hospitales, a los supermercados, y a otros incontables comercios.
Y de repente, llego el silencio. Las metrópolis y los pueblecitos estaban perdiendo a diario a sus habitantes, hasta que llego el día en que la existencia de las multitudes paso al olvido. El asombro de Harry pronto se transformo en la tristeza más apabullante de su vida. Cerca del final solamente dos periódicos permanecían de pie, publicando en una testarudez admirable. Estos hablaban de ciudades que eran tragadas por la basura, mientras el eco de la ausencia de vida humana lo invadía todo. Comentaban de batallas bíblicas que dejaron lugares como Central Park convertido en un carbón humeante y apestoso. En los últimos números que fueron publicados el editor lamentaba lo de Japón, mientras que festejaba el fin de Israel y Palestina. No pudo más. Harry dejo de leer, convencido de que el mundo fue limpiado…de seres humanos.
Tercer Movimiento: Allegro
Cuando se repuso tomo el diario. “Que tipo más odioso” pensó luego de leer las primeras entradas. Desarrollo una antipatía inmensa por el hombre que pensaba que la plaga era la solución para la pobreza. ¿Cómo era posible que existiera una mente tan bárbara? El autor de ese diario mostraba un desdén por la sociedad increíble…hasta que se encontró solo. Harry lloro por el dolor ajeno, su desagrado transformado en compasión por el suicida lo llevo a guardar luto por un desconocido.
En esos días de exploración, las visitas de Tessa eran esporádicas y fugases. Ella le hablaba con ternura ensayada y limitada atención. Esto cambio cuando lo vio vestido completamente de negro, y la cabeza rapada. “Encontré una maquinita…y como casi todo en mi vida, sabia cual era la función, pero nada más”. Tessa se acerco algo preocupada, observando con detenimiento el atuendo de su paciente con un interés antropológico. Finalmente lo tomo de la mano y lo llevo a la cama. El silencio entre ellos era hermoso, envuelto en el cariño que emanaba de ella. Le tomo la presión, reviso su temperatura, sus vendajes, sus pupilas y reflejos. Incluso le realizo una examinación neurológica básica. Satisfecha con los resultados le dijo “haz salido del cuarto” en un tono ausente de reproche. “El aburrimiento mata” le contesto Harry con una sonrisa juvenil. “Pero me agrada la decoración caótica de la casa”. Ella dejo escapar una diminuta carcajada mientras se sentaba a su lado. “Si, el Dr. Kubrick tiene gustos algo dispares”.
- ¿Aun sigue amnésico?
- Si Doctor.
- Sigue cuidándolo.
- ¿No lo visitara?
- El momento no es el correcto. Pronto.
El tiempo pasaba desapercibido. Finalmente Harry le pregunto la fecha, lo cual por alguna razón le proveyó un sentido de normalidad a su vida como amnésico. Las visitas de Tessa aumentaron, lo cual agrado a Harry. Su mente se llenaba de un temor y una ansiedad inexplicables si pasaba mucho tiempo solo.
Sus conversaciones se hicieron normales, pues poco a poco desapareció la relación enfermera-paciente. Jugaban backgammon por eternidades, contemplaban el alba con total concentración, intercambiaban ideas, y llego el momento en que se hicieron amigos. Pronto el mundo se expandió al patio de la casa, que era realmente un parque con una variedad de flores y árboles que inundaban el ojo de una belleza forjada por una alianza entre el hombre y la naturaleza.
Un día mientras caminaban alrededor de un estanque repleto de peces multicolores, Harry tomo una rosa y se la puso en el pelo a Tessa. Intercambiaron sonrisas mientras la brisa primaveral refrescaba sus cuerpos. Se miraron fijamente, llevando una conversación entera sin necesidad de palabras. Con seguridad recordada, Harry se acerco a Tessa, la tomo delicadamente por el rostro, y la beso.
La rutina se transmuto en algo hermoso. Harry esperaba todos los días la llegada de su “ángel”. Ella acepto el apodo, reconociendo en el mismo un gesto honesto de amor. Todo adquirió un nuevo sentido. Las comidas sabían diferente, más exquisitas. Los colores eran más brillantes, las pinturas revelaban más significados, y la vida era bella. Eventualmente llego la intimidad. Fue un acto hermoso, lleno de pasión romántica. Se complacieron mutuamente, y al concluir, descansaron en un abrazo repleto de seguridad. Era claro, se amaban.
Cuarto Movimiento: Dirge
“Cuéntame lo que paso”. Ella cerró los ojos. El día que tanto temía llego. El Doctor se lo advirtió. Lo tomo de la mano, y prosiguió su caminata, buscando la forma correcta de explicarle. Estaba tan absorta en sus pensamientos, que no se percato que se alejaba de la mansión. Llegaron a un paraje nuevo, a unos minutos de la mansión estilo Dakota. Era el borde de una hermosa colina, con una vista a un valle; donde era posible ver las ruinas de la ciudad. “Como leíste en los periódicos, una enfermedad arrazo con todo. La destrucción que ves fue hecha por las personas, reos del miedo y la ignorancia. La cantidad de muertes por la enfermedad…” Harry la interrumpió con un gesto gentil, y le dijo “Me refiero a mí”. Lo miro llena de compasión y miedo. Tessa sabía que este día era inescapable, pero no pudo evitar ser invadida por el deseo de evadirlo. “Es cierto que te llamas Harry Deckard. Tu memoria esta fragmentada…algo confusa, aunque preservas todas las funciones cognitivas superiores…lo cual ya has notado… Mi amor, deseo ayudarte a recordar más, pero debo consultar con el Doctor”. Harry accedió. La abrazo y la beso, sintiendo un sabor salado en sus labios. Se despego sorprendido y le pregunto “¿por qué lloras?”.
Se encontraba prisionera entre su función como enfermera y la de pareja. Lo amaba profundamente, pero le aterraba la idea de que Harry recordara. En lo más profundo de su ser, estaba el miedo de perderlo si esto llegaba a ocurrir. Se acerco con lentitud medida al Doctor, quien estaba absorto en un viejo volumen de Jung. “Esto es verdaderamente una pieza de museo. Es un original”, le dijo el doctor sin despegar los ojos del papel. “Desconocía que supiera alemán” le dijo Tessa en un tono desinteresado. Finalmente Kubrick se volteo a mirarla. Sintiendo incomodidad en la mirada de su enfermera, decidió ayudarla. “Vienes por él, deseas saber si es correcto decirle que intento volarse la cabeza”. Su crudeza no era por crueldad. El doctor era un hombre con una enorme capacidad intelectual, pero que carecía totalmente de tacto. Tessa bajo la mirada mientras lloraba. Cuando pudo respirar cómodamente le dijo “temo perderlo. Me aterra que una vez sepa, todas las otras memorias regresen. Me horroriza que en realidad sea el tipo que escribió ese horrible diario. Me he enamorado del hombre que esta en el segundo piso, el Harry amable y delicado. El hombre que disfruta de conversar, de este nuevo ser nacido de una tragedia…”. Las lágrimas volvieron a ahogarla, no pudo resistirlo y se sentó en el suelo abandonando todo decoro. Con porte adquirido por una vida militar, el Doctor se acerco a ella, y se sentó a su lado. “Tiene derecho a recuperar sus memorias. ¿Quiénes somos para decidir que su pasado quede en sombras?”
“¿Cuándo conoceré en persona al doctor?” le pregunto Harry una tarde tibia de octubre, mientras contemplaban los rojos celestes del ocaso. “El doctor es un hombre muy ocupado, realmente no se”. Harry bajo la mirada para buscar los ojos de su amada, con una risa atravesándole el rostro. Luego de unos segundos dónde lucho contra el deseo de reírse, le contesto en tono jocoso “¿ocupado? Somos solamente nosotros tres.” Ella suspiro, incapaz de escapar la mirada de su amado. Mientras le acariciaba el brazo le contesto “Kubrick es un intelectual. Pasa largas horas leyendo tomos te diversos temas. Y si, es algo absurdo cuando ya no existen revistas profesionales donde publicar sus hallazgos, pero ese es él. Pero créeme, pronto lo conocerás”. Harry aceptó la explicación, su confianza en su mujer era absoluta.
No fueron los gritos lo que la despertaron, sino los movimientos bruscos de su amado. Harry estaba enfrascado en una terrible pesadilla. Al despertar ella lo consoló, sus manos de ángel acariciandolo, y cuando esto fracaso lo apretó contra ella. Tessa se encontraba sumida en una angustia sin par. “¡Era horrible!” finalmente le dijo Harry. “Estaba en una ciudad desolada. Solamente habían cuerpos…y cuervos comiéndoselos. Yo estaba tan solo… ¡Era espantoso!”
Las pesadillas se tornaron en una rutina. Al comentárselo al doctor este simplemente le cambio el tema. En un momento lleno de cólera, Tessa lo agarro por los hombres y le grito “¡POR QUÉ NO LO AYUDAS!”. Completamente carente de emoción, el doctor le contesto “esto es algo que él necesita enfrentar. Déjalo que luche contra sus demonios internos. Te aseguro que pronto lo veré, con todo lo que eso implica”. Sus ojos eran un abismo sin fin. Ella no soporto contemplarlo por más tiempo y bajo la mirada derrotada, sin soltarlo. Su desespero era grande, al punto que ya no le importaba si le faltaba el respeto a su patrono. “Es demasiado para él, y no es justo que usted este aquí releyendo tomos que ya se conoce de rabo a cabo. Nunca le he cuestionado su actitud, pero ahora me temo que no puedo seguir este juego. Simplemente explíqueme porque no lo puede ver ahora, porque es tan importante que sufra, que tema el quedarse dormido…por favor”. Kubrick miro las manos que lo apretaban, y con un gesto amable se las quito. Con gentileza paternal la llevo a una silla. Una vez sentada la miro por un minuto, al cabo del cual le pregunto “¿realmente deseas entender?”. Ella asintió con la cabeza, sus ojos ahogándose en un mar de pena y dolor. Luego de una exagerada pausa, el Dr. Kubrick le explico…
Estaba caminando en un cuarto humildísimo. Las paredes estaban repletas de fotos arrancadas de revistas. Se vio así mismo en el centro de la habitación. Mugriento y en calzoncillos, dando vueltas. De la nada, saco un arma, y se disparó…
Brinco en la cama. Aunque harry ya estaba acostumbrado a las pesadillas, esta era la primera donde se pude ver a si mismo con claridad. Buscando no interrumpir el sueño de Tessa, se levanto de la cama y fue al baño. Se lavo la cara, y se sentó en el inodoro. Lo asediaba una terrible idea. Las pesadillas eran memorias…
Despertó confundido y temeroso, por lo que permaneció inmóvil. La recamara le resultaba familiar, pero algo no estaba correcto, así que se dio a la tarea de estudiar sus alrededores antes de tomar una decisión. Era un cuarto de dimensiones cómodas, pintado de color terracota. En la pared opuesta de la cama se encontraba un solitario Kandinsky…de repente recordó donde estaba. Busco la mesa de noche para confirmar que el tomo de Thomas Pynchon aun estaba ahí. Poco a poco su mente se fue abriendo, hasta que se acordó que faltaba lo más importante. Grito con todas sus fuerzas “¡TEEEESSAAAA!”. Su grito fue contestado por el sonido de alguien corriendo. Al entrar al cuarto, su amada se tropezó con un zapato y callo de cara al piso, pero se incorporo de inmediato. Necesitaba llegar donde Harry. Se apretaron, Tessa sangraba por la nariz pero no le importo. “Fue horrible, desperté y fue como la primera vez…no recordaba nada… ¡NADA!”.
Harry caminaba por la gigantesca sala. La ausencia de muebles le proporcionaba un aire de melancolía que era acentuado por el mar de libros. Como la primera vez, las gigantescas letras todavía lograban incomodarlo. Visito cada habitación del primer piso, y parte del segundo; lleno de enojo y harto de la situación. Sin saber porque, tomo la decisión de encontrar al susodicho Dr. Kubrick. Sin embargo, la expansión de la casa era tal que impedía tal proyecto. Su enojo lo llevo a buscar a Tessa y exigirle que lo llevara a donde el doctor.
Mientras se acercaba a la cocina, escucho un llanto. Inmediatamente cambio la velocidad de sus pasos, y se acerco con lentitud. Cuando estuvo frente a la puerta pudo ver a Tessa sumida en lágrimas. En meros segundo su enojo se trasmuto en preocupación. Entro a la cocina, se allego a ella, y la abrazo con ternura.
- El momento esta cerca.
- Si Doctor.
- No te ves muy contenta.
- Usted ya sabe cual es mi preocupación.
- ¿Cuánto tiempo llevamos cuidándolo del pasado?
- Casi un año.
- Ujum. Creo que pasado mañana es su cumpleaños. Díselo, eso comenzara el proceso.
- Si doctor.
Una soleada tarde de enero, Tessa se acerco a Harry. Lo miraba con demasiada intensidad. El se encontraba absorto en un juego de Sudoku, que de ser un pasatiempo placentero paso a ser un acto que lo ayudaba a manejar el estrés que le provocaba dormir. Ella tomo asiento a su lado, mientras jugaba con su larga cabellara y proseguía mirandolo seriamente. Lo tomo de la mano, y le dio un delicado beso en la mejilla. Con gran ternura le pregunto “mi amor, ¿qué significa ‘weh! Weh! Du hast sie zerstört, die schöne Welt, mit mächtiger sie stürzt, sie zerfält!?’”. Inmediatamente Harry le contesto “significa ‘¡Oh! ¡Oh! ¡El hermoso mundo ha sido destruido, con un poderoso puño ha sido lanzado a la ruina!...” Cuando termino de traducir, bajo la mirada, sorprendido. Poco a poco sus labios se abrieron en una sonrisa sincera, mientras pensaba en voz alta “se alemán”. Tessa le apretó la mano. “Si amor, sabes alemán, entre otras cosas”. Dejando espacio a que su amado asimilara esta nueva memoria, permaneció en silencio. La revelación llevo a Harry a reflexionar, y esa reflexión lo llevo a un nuevo lugar. Se abrieron las puertas, y se vio a si mismo en una hermosa casa, caminando, leyendo, riendo. Repentinamente la escena se transmuto en una donde el desdén era la emoción principal. Estaba acompañado por personas asustadas que trataban de decirle algo, pero el las ignoraba. Al mismo tiempo contemplo una enorme oficina, repleta de personas hablando a la misma vez, mientras que otros pretendían estar laborando. Aun no se acostumbraba a este episodio cuando todo se desvaneció, dando paso a un nuevo escenario. Inmediatamente supo donde estaba. Era la casa de su abuela. Estaba sentado junto a ella, una mujer orgullosa de sus raices, quien siempre insistió para que el aprendiera la lengua materna. Finalmente, recordó una soledad intensa que le quemaba el alma. Poco a poco el dolor en su cabeza regreso con una intensidad salvaje.
Se puso de pie, mientras lloraba como un desdichado. Camino hacia el Kandinsky y con furia lo agarro y lo lanzo por la ventana. Miro a Tessa y le grito “¡QUE FUE LO QUE ME PASO!”. Tomando su papel de enfermera, y con un sufrimiento que le devoraba el alma, Tessa le brindo la respuesta. Harry camino hacia la cama, como si la vida le pesara. Se acostó, mirando el techo, mientras su mente aceptaba la verdad. “Me dispare…”. Tessa se negaba a mirarlo. Se odiaba por haber disipado la sobra del olvido. Con dificultad le reafirmo la verdad. “Si. Por lo que puede reconstruir…llevabas tiempo solo. Supongo que estabas deprimido o desesperado. No se”. El silencio tomo asiento junto a ellos. Cada uno sin moverse, sin mirarse. Cada uno sumido en pensamientos privados, y dolores compartidos. Luego de incontables minutos, Tessa se acostó junto a su amado, y lo abrazo. Entre sollozos lo besaba, buscando consolarlo. Esa noche se amaron con ternura exagerada.
Esa mañana fue diferente a las anteriores. Luego de días viviendo de manera fragmentada, la verdad, o al menos parte de la misma; se integro a la vida de Harry. Una memoria poderosa. Un episodio lleno de amargura, capaz de quebrar el alma, tanto de los débiles como los fuertes de espíritu.
Harry se deslizaba en círculos, persiguiendo sus pisadas. Su mente lo obligaba a recordar el fatídico incidente, mismo que analizaba con un interés que rayaba en lo morboso. El arma. La soledad. El miedo. El diario…
Cuando Tessa dio fin a su viaje en el mundo de los sueños, supo que algo importante había transcurrido durante su ausencia. El ennegrecido rostro de su amante lo gritaba a viva voz. Harry no le dio tiempo de saludar, lleno de zozobra, le pregunto más para confirmar que para conocer la respuesta, “yo escribí el diario, ¿verdad? Yo soy el tipo odioso que se alejo del mundo, detestando lo que contemplaba, negando la seriedad de lo que aquejaba al mundo. Yo soy el ser que acepto la muerte de miles a manos de la plaga…el que consideró la infección como la solución a la pobreza…el imbécil que anhelaba la soledad, y una vez la alcanzo no la pudo soportar…y puso una bala en su cabeza”.
Tessa solamente pudo asentir con la cabeza, incapaz de otra reacción. En esos momentos ella no sabía que era peor, si verlo sufrir o el temor de que su miedo tomara forma y Harry retornara a ser como aquel desdichado que se disparo. En ese instante, un gigantesco sentimiento de culpa comenzó a roerle el corazón. El hombre que amaba estaba recuperando su ser, si identidad, un proceso acompañado por intenso dolor, y ella sólo se preocupaba de un probable cambio de personalidad.
- Así que ya sabe lo del intento suicida.
- Si Dr. También que es el autor del diario.
- ¿En serio? ¿Por si mismo?
- Si.
- Mmmmm, el proceso esta acelerándose. Pronto tendré que verlo.
- Si Dr., lo que usted diga.
Ya Tessa se había resignado a que fuera el Doctor quien eligiera cuando ver a Harry.
Una tarde, Harry se acerco a Tessa y le pregunto “¿dónde esta el Kandinsky?” Ella se volteo a mirarlo, llena de pesar ante la pregunta. Mientras se quitaba la ropa le contesto “lo lanzaste por la ventana, ¿recuerdas?”. Con incredulidad en su rostro, Harry se alejo de ella, mientras le contestaba “¿lo lancé?”. Recordando las recomendaciones del doctor, en vez de tratar de convencerlo Tessa le pregunto “¿recuerdas lo que paso ayer? ¿Tus memorias?”. “¿Cuáles memorias?” le contesto con honesta confusión, y visiblemente agitado. Tessa se acerco él, sus instintos de enfermera guiándola.
Réquiem:
El mundo que fue creado por el amor de pareja, poco a poco fue dando paso a uno de perdidas. Harry se fue aislando cada día, tornándose huraño, pensativo, y olvidadizo. Tessa lloraba con mayor frecuencia, y sus lapsos de enfermera aumentaban en duración. Los cambios estaban carentes de patrón alguno, y de lógica. Un día Harry recordaba varios episodios de su vida pasada, para luego simplemente olvidarlos, y luego volverlos a recordar. Su vida se transformo en un constante ‘deja vu’ que le provocaba intensa confusión en Tessa. Y a pesar de todo, se amaban con locura.
“Deseo ver al Doctor” le dijo una tarde mientras se bañaban. Tessa prosiguió lavándole el cabello, mientras digería la petición de su amado. Luego de varios meses, llego el momento que en la profundidad de su alma; estaba segura que era necesario e inescapable. El momento que ella tanto deseaba, pues ya deseaba un reposo de sus funciones de guardiana, mismas que le fueron impuestas. Ante todo, añoraba una vida normal, lejos del fantasma del pasado. Solamente su miedo a lo desconocido, era lo que trataba de frenarla. El terrible miedo a perder todo lo que había construido junto a Harry.
Cuando termino de enjuagarle el cabello, lo abrazo, y le beso la mejilla derecha. Luego de una breve pausa, con voz tenue le contesto “cuando desees”.
- Pronto te pedirá que lo lleves a verme. Cuando eso suceda, debes llevarlo al cuarto contiguo a mi oficina. Recuérdalo, solamente ese cuarto.
- Si Dr.
30 de octubre. Era una mañana húmeda y silenciosa. La casa aún estaba llena del fresco de la noche, ignorando el gran cambio que estaba próximo a venir. Tessa le pregunto porque eligió este día para conocer a Kubrick. La respuesta de Harry la dejo perpleja. “No se” le dijo, “siento que este debe ser el día”. Harry había olvidado la importancia de la fecha. Era el aniversario del fallido suicidio.
Subieron al tercer piso de la humilde mansión, sus pisadas sincronizadas. Los envolvía un silencio religioso que lo arropaba todo a su alrededor. Cuando llegaron frente a la puerta asignada, Harry suspiro. Su mirada se negaba a revelar que pasaba por su mente en esos instantes. Tessa lo beso en la mejilla izquierda con suma delicadeza, y le pregunto “¿aún deseas conocerlo?”. Harry contesto abriendo la puerta.
Detrás de la puerta había una recamara pequeña. Todas las paredes eran espejos. Harry entro poco a poco a la misma, confundido mientras miraba a su alrededor. Cuando llego al centro de la habitación, giro en 360 grados, mirando con detenimiento cada pared, su confusión transfigurándose en cólera. Busco con la mirada a Tessa, quien permanecía en el marco de la puerta. “¿Qué es esto?”, le pregunto agitado. “Si es una broma no me ha gustado. ¿Dónde esta el doctor?”. Tessa entro al cuarto con paso inseguro. Sus músculos se tensaron como si estuviese cometiendo un grave pecado al ingresar en aquella recamara. “Esta aquí” suspiro llena de miedo. Con un grito son comparación, Harry le ordeno a Tessa “¡NO JUEGES CONMIGO! ¡DIME DÓNDE ESTA KUBRICK!”.
El cuarto se lleno de tensión. A pesar de la temperatura la pareja de enamorados sudaba copiosamente. Con el corazón en la mano y sin mirarlo le contesto “Tú eres el Doctor”. Harry se paralizo, como sacudido por una bofetada. Camino hacia atrás mientras las palpitaciones de su corazón aumentaban en violencia. “¿Qué dices?” suspiro cuando se tropezó con una de las paredes. Ella se acerco, llena de compasión. Cuando estuvo a meros centímetros de distancia le dijo “que tu eres el Dr. Kubrick”. Lo tomo de los hombros y lo volteo para que se mirara en el espejo. A Harry se le hizo imposible parpadear. Se miro a si mismo. Alto, blanco, pelo marrón claro. La barba de 5 días invadiéndole el rostro. Levanto su mano y toco su reflejo. Tessa se paro a su lado, silenciosa, incapaz de pronunciar palabra alguna. “No, no tiene sentido. Varias veces fuiste a verlo mientras yo me quedaba haciendo algo…” “¿Estas seguro?”. Harry miro el reflejo de su mujer, mientras que un dolor comenzaba a gestarse. Luego de un breve silencio le contesto “¿Cómo que si estoy seguro”. “El Doctor solamente me hablaba cuando tú dormías”.
Repentinamente múltiples memorias comenzaron a asaltar a Harry. Este cerro sus ojos, mareado, el dolor en su cabeza acrecentándose a cada segundo. Le era imposible distinguirlas, hacer sentido de la maraña de sucesos que su mente le obligaba a contemplar. Era insoportable, y comenzó a gritar. Se arrodillo agarrándose las sienes, el dolor le quebraba el cráneo. Poco a poco su mente fue eligiendo episodios, hasta que 3 predominaron. En una estaba él, vestido con gran finura y elegancia. En esa memoria le hablaba a Tessa con una voz que no era la suya. Educado, pausado, pronunciando correctamente cada palabra.
La otra memoria era de un hombre, que vivía aislado, a pesar de que se pasaba. acompañado. Esa persona era un intelectual, aunque su conducta le contradecía. Déspota, casi racista, insensible. Esa persona un día despertó, y se encontró completamente sola, y fue tanto el dolor de la soledad que se disparo. Cuando el cuerpo cayó al suelo, pude ver su rostro. Era él mismo, sangrando, muriendo. La última memoria estaba envuelta en niebla, era Tessa cuidándolo. Administrándole cuidados médicos con incomparable agilidad.
Cuando te encontré, estabas moribundo. Inmediatamente comenze a trabajar en tu herida, deseosa de que vivieras. Me empujaba el deseo de tener compañía. Un día fui a revisarte, y estabas de pie. Comenzaste hablar…mejor dicho a explicar. Luego de presentarte como el Dr. Kubrick, me brindaste la ayuda necesaria para poder brindarte un mejor tratamiento. La segunda vez que hable con el doctor me pidio que lo ayudara a reparar tus memorias. Fue algo irreal, pero lo acepte. Me advirtió que una vez despertaras no podías saber del pasado, que debía dejar que fueras uniendo fragmentos, hasta que llegara el momento apropiado para traerte aquí, a este cuarto. Siempre estuvo dispuesto a brindarme consejos médicos. Eventualmente comprendí que Kubrick era parte de ti, no una personalidad aparte. Cuando lo confronte lo acepto. Harry, esta es tu casa. Todos los libros, las obras de arte, todo, todo es tuyo. Tú eres Harry Deckard Kubrick”
- ¿Qué sucederá cuando finalmente lo sepa?
- Su mente entrara en conflicto.
- ¿Sufrirá?
- Más allá de toda imaginación.
- Pero, ¿seguirá siendo el Harry que conozco?
Mientras escuchaba toda la revelación, el dolor en su cabeza aumentaba exponencialmente, partiéndole la mente. Se agarro la cabeza, y volvió a gritar con todo su ser. Las tres partes de su mente luchaban por su atención, causando mayor confusión y desorientación en Harry. Se desato una guerra en su mente, ninguna de las facciones dispuesta a un compromiso. Brevemente fue envuelto en una terrible nausea, hasta que su cuerpo cayó al suelo, sus ojos abiertos mirando nada. Tessa se acerco llorosa al cuerpo inerte de Harry. Lo abrazo, lo beso, lo llamo por su nombre. Sus lágrimas continuaban emanando sin freno, hasta que no pudo más y grito “¡VUELVE A MI! ¡NO ME ABANDONES!”. Ahogada en su dolor, Tessa lloro como nunca en su vida. Débil, se acostó al lado de Harry, abrazándolo. Con voz dulce, le dijo “Te amo”.
- ¿Qué si seguirá siendo Harry? No se.
La niebla arropaba todo. Tres hombres miraban al cielo, un grito freno su lucha. Al unísono, reconociendo los tres la voz, dijeron “Tessa”. Entonces hubo silencio. Profundo, inquebrantable. Del silencio que lleva a meditar, y a pensar. Ese silencio previo a una gran revelación. Pero ninguna revelación fue adquirida. El silencio estaba envuelto en nada, y la nada lo cubría todo.
Al principio fue confuso. Luego de semanas de inconciencia, Harry despertó. Era como un niño preguntando el nombre y la función de todo. Tessa se lleno de desesperación, hasta que Harry comenzó a recordar. El proceso fue lento, pero continúo. Ya no estaba el doctor, ni el que escribió el diario, y en cierta medida, tampoco estaba Harry. Se volvieron a conocer aunque él sabía que la amaba. Fue el amor lo único que se mantuvo intacto.
Los meses pasaron y la vida mejoro entre ellos. Juntos organizaron la casa. Los libros fueron puestos en la biblioteca, las paredes pintadas, y los cuartos innecesarios clausurados. Y llego el día en que fueron 3. Cuando Xavier cumplió su primer año Tessa le pregunto a Harry “¿buscaremos a otros sobrevivientes?”. El la miro, y luego contemplo la hermosura de su hijo. Luego de examinar las opciones le contesto “eventualmente”.
I.J. Vázquez Torres ©