martes, junio 23, 2009

EL VALOR DE 1 MILLON

“Me han informado que te resistes a cooperar, y proveernos de la información que requerimos para llevar a la perfección nuestros planes. Entiendo y hasta empatizo con tú posición. Eres una mujer de principios, quien vive de acuerdo a unos estándares elevados. Admiro tu ética y como estas dispuesta a sacrificarte con tal de salvaguardar la existencia de tus camaradas. Estoy aquí para intentar que veas más allá de meros principios o ideales sobre lo que debe ser. En estos momentos piensas que solamente es tu vida la que se puede destruir. Alguien como tú ha sido entrenada para soportar las más extremas torturas, las más viles humillaciones…como una buena espía y soldado debe estarlo. Sin embargo, ese pensamiento de que únicamente es tu vida la que puede ser destruida es un grave error. Tenemos a tu hija en nuestra custodia....despreocúpate, la chiquilla esta siendo bien tratada y cuidada. Una niña hermosa e inteligente, debes estar orgullosa con todo lo que has logrado como madre. ¿Te puedes imaginar lo feliz que esta con todos los juguetes y golosinas que le hemos provisto? Bueno, eso no viene al caso, sino mi propuesta. Ahora mismos puedes cooperar con nosotros de la manera más simple. Proveyéndonos la localización de la base secreta de tus aliados. De esta manera, y solamente de esta manera recuperas la libertad, y a tú hija. Ambas preservaran la dignidad que merece una mujer en tiempos de guerra, además de proveerles todos los medios para transportarlas lejos de este conflicto que esta devorando la Nación. Ahora, si te niegas a cooperar…no, no la vamos a matar. Sabes, en nuestra Gran Republica hay hombres y mujeres que “aman” a los niños…los aman demasiado. Usualmente los eliminamos una vez son descubiertas sus atrocidades, si no es que antes se los entregamos a los presos para que quiebren la monotonía de sus vidas. Hay otros, que los dejamos en reserva para momentos importantes. Quiero que tengas claro lo siguiente: los actos se repetirán constantemente hasta que claudiques, y cada vez que ocurra estarás ahí presente, conciente de tu incapacidad de rescatar a tu pequeña, y peor aun, que en tus manos estaba el evitarlo. Creo que es una proposición justa, tomando en consideración tu crimen. Entiendo que es una decisión sumamente difícil con un gran dilema: salvar la vida de 1 millón de tus compañeros rebeldes a cambio de la inocencia de tu hija, o que mueran todos con tal de preservarla. Como evidencia de nuestra bondad te concederemos…te regalaremos 72 horas para que lo pienses y tomes una decisión”

Ese mismo día, a las 2:00 a.m., las fuerzas armadas del Supremo Líder liquidaron la mitad de las fuerzas rebeldes.


I.J. Vázquez Torres ©

sábado, junio 20, 2009

INCONFUNDIBLEMENTE ENGAÑOSO

No brindo ningún tipo de información sobre el porque deseaba verlo a solas, lo cual agregaba a su preocupación. La llamada de Alfredo quebraba todos los esquemas creados en la mente de Carlos, quien pensaba que el esposo de Elena lo odiaba. Era claro que algo serio estaba sucediendo en la vida de Alfredo.
Acepto la anómala llamada con incertidumbre, siendo el desespero en la voz que manaba del auricular lo que finalmente lo convenció de aceptar el encuentro. Una vez en el punto de encuentro, intercambiaron formalidades con forzada gentileza. Ante los ojos de los espectadores lucían como dos lobos examinando a un intruso en su territorio. Estrecharon las manos sin ánimo ni energías, sin deseos de brindarle la dignidad al otro de este gesto social. Se trataron de intimidar mutuamente con la mirada, lo cual resulto fútil pues ambos simplemente eran incapaces de ser amedrentados.
Tomaron asiento uno frente al otro, más por desconfianza que por cortesía; y procedieron a compartir el silencio por una eternidad. Con suma aprensión una joven mesera se acerco a la mesa, y con voz etérea anuncio su presencia. Cada cual pidió un trago sin mirar a la nerviosa camarera, quien fue contagiada por el terrible aire que manaba de aquella mesa. Una vez apunto la orden, se aparto apresuradamente a buscar las bebidas.
Tomando aire ruidosamente al tiempo que bajo la mirada, Alfredo tomo la palabra. Ausente estaba el tono de desespero que caracterizo la llamada de hace dos días. “Estoy preocupado. Temo que estoy perdiendo la lucha por salvar mi matrimonio. Hacer esto para mi es difícil, sin embargo ella te tiene en gran estima, y eso me mueve a buscar de tu ayuda…y nada más”. Carlos permaneció inmóvil mientras escuchaba todo esto, con la mirada centrada en los ojos de su interlocutor. Su mente absorbía con sumo cuidado cada palabra, cada gesto, conciente de todo lo que implicaban. Este hombre estaba dispuesto a tragarse su orgullo con tal de rescatar su relación, y eso le resultaba admirable. “¿Cómo te puedo ayudar?” le pregunto finalmente Carlos, dispuesto a brindar cualquier tipo de ayuda que estuviese a su alcance. La respuesta de Alfredo fu simple. “¿Qué puedo hacer para salvar mi matrimonio?”. Asombrado, Carlos reacciono con la bondad que le caracterizaba. Echando a un lado la desconfianza, le dijo con toda seriedad “se sincero con ella. Busquen ayuda…aunque eso no servirá al menos que estén dispuestos a realizar compromisos. En cuanto a lo que puedes hacer en concreto…dale amor, bríndale atención, y no simplemente viajes ni regalos. Algo tan sencillo como una simple conversación, una caminata por el parque sin los chicos, mostrarte interesado por las cosas que le fascinan…eso te acercara más a ella”.
Nuevamente compartieron el silencio. Alfredo se encontraba ahogado en un análisis privado sobre todo lo que acabo de escuchar. Era fácil ver la lucha interna, y en ese momento Carlos empatizo con el hombre que estaba sentado frente a él y su lucha. “Gracias” dijo lleno de sinceridad Alfredo, mirando el trago en sus manos. “Otra cosa, ¿crees que me sea infiel?”. “Creo que si no trabajas en cambiar, la puedes perder”. “Sabes que no me agrada sean amigos... en parte porque no tengo ese tipo de relación con ella.” “Pues lucha por alcanzarlo, no te llegara del cielo”.
Se levantaron complacidos de la conversación, mirándose con respeto. Estrecharon sus manos, en esta ocasión con dignidad y fortaleza. Poco a poco el aire de guerra que les rodeaba se disipo, y en ambas mentes se formo la idea de que era posible una amistad entre ellos. Sin soltarle la mano, Alfredo le pregunto a Carlos “¿alguna vez hubo algo entre ustedes?”. Mirándolo a los ojos, Carlos le respondió “no, nunca” pensando lo innecesario que resultaba la verdad en aquel momento.

I.J. Vázquez Torres ©

viernes, junio 05, 2009

AMANTES

Estaban enfrascados en una pasión animal que los devoraba intensamente, entregándose a una vorágine de lujuria que los arrastraba a una locura deseada. Ella cerro los ojos, su mente se torno incapaz de formular o permitir pensamientos. El placer ocupaba su mente, quemando y destruyendo neuronas a diestra y siniestra. Unidos en un ritmo carnal que era coordinado por los instintos, se restregaban los cuerpos mutuamente. Él la besaba, saboreando cada gota de sudor en los senos majestuosos de su mujer, mientras ella dejaba sus uñas tatuadas en su espalda musculosa.

Cada instante las agitaciones pélvicas aumentaban en salvajismo. Ambos amantes ahogándose en placer, negándose a pensar en un mundo más allá de aquella habitación que atestiguaba sus gestos de amor y locura. Ambos con la agitación que les provocaba la proximidad del orgasmo…llenándose a cada instante de desespero por llegar al éxtasis que era prometido por dicha sensación. “¡NO PARES!” le gritaba ella, negándose a abrir sus ojos, mordiéndose los labios en rabia sexual. Mientras ella gritaba su exigencia, él levantaba la cabeza para aspirar el aroma a amor y concentrarse en el placer, al tiempo que la clavaba en la cama, cuando emergieron sus colmillos. Como reacción a una alarma, abrió sus amarrillos ojos, y en un acto de desenfreno, enterró sus filosos dientes en el cuello de su amada.

En una mezcla profana de dolor y placer, los parpados de la aprisionada finalmente se separaron, ojos asombrados por lo que transcurría, junto a un grito censurado en su garganta. La sangre mojaba las paredes con cada ataque, las sabanas fueron teñidas de carmesí, mientras ella golpeaba al que pensó era su amante. La desesperación tomo control de sus músculos, llevándola a sacudir todas las partes de su cuerpo buscando librarse de la muerte. En medio del silencio de la noche sus gritos perforaron el aire, mientras las filosas garras entraban en su carne y la despedazaban. Pronto la ferocidad eclipso todo pensamiento, y de una mordida la decapito. Abandonado por su humanidad se entrego al festín, redecorando la habitación con rojo. Desafortunadamente, él no recordó que esa era noche de luna llena.


I.J. Vázquez Torres ©


miércoles, junio 03, 2009

CONFESIONES Y DESERCIONES

Este relato fue inspirado en situaciones que me comento mi buena amiga de facebook Laura. En una conversación ella me dijo “esto lo puedes usar para una historia”. Le tome la palabra, y luego de hacerlo se lo envié para que ella lo leyera. Quedo complacida y me autorizo a usarla para el grupo. Así que sin más preámbulos, les regalo algo sacado en parte de la vida real.

EL RELATO:


Me mueves el piso pélvico con agilidad divina. En tú dulce perversidad me llevas al borde del abismo, solamente para frenar y reírte, no en burla sino en comprensión de mi ansia por más. Deseas enloquecerme con tus masajes vaginales, embruteciéndome brevemente, haciendo imposible otro pensamiento que no sea que me hagas venir. ¿Qué paso? Ahora tus palabras son claramente difusas. Te escudas en responsabilidades reales, en sueños probables, en esto, en aquello y lo otro. Quedo bruta al tratar de desenredar los nudos ilógicos de llamadas ajadas por los clichés de tu desinterés.
Ahora estoy atrapada entre mi disgusto hacia tú actitud, y mi sed por la virilidad que traes entre las piernas, misma que tan astutamente usas, embrujándome, provocando desespero en mi pelvis, llenando de ansiedad mi piel. Me abruma la sed por ti.
Me dicen que te mande al mismísimo carajo, que estas usando de forma inhumana el poder que has desplegado sobre mí. Estoy de acuerdo con todas esas voces amistosas que buscan mi bienestar y felicidad. Odio que tengamos tanta integración, que puedas llevarme al éxtasis de forma tan brutal al punto que me ahogo a mi misma pensando en ese instante en que me clavas en las llamas del coito.
Detesto que juegues esos estúpidos juegos…sin embargo reconozco mi debilidad. Dentro de toda esta lista de desagrados y agrados, hay esperanza de que pueda darme a respetar ante tú vulgar poder. Enfrentar la genitalidad de nuestra relación y desenmascararla. Si, librarme de ese poder que esgrimes como katana en el campo de batalla, y ser nuevamente mi propia dueña.
Eres mi adorada obsesión controlada, y quiero que sepas que pronto estaré borrando los lazos con los cuales has amarado mis sentidos, y dejare de oler el dulce color de tus cabellos, dejare de saborear la miel de tus ojos. Se acerca ese magnifico día en que dejare de obsesionarme y dejare a un lado tus memorias para alguien que sepa apreciar lo que es estar conmigo.

I.J. Vázquez Torres ©

lunes, junio 01, 2009

CARMESÍ

Caminaron por el espacio de la ajena recamara, con la mirada confundida y una sonrisa atrapada. Iban buscando donde estaba, perdiéndose cada vez más en el intento. Mientras los minutos caminaban, volvían a mirarse, y con gestos trataban de determinar donde estaba ubicado lo que tanto necesitaban antes de comenzar. Dividieron esfuerzos, cada uno explorando un lado de la habitación. “¿Dónde rayos esta?” pregunto Elena, con una carcajada encajada en los labios, conciente de lo extraño y desquiciado de la situación. Carlos se encogió de hombros, sorprendido de que algo tan simple fuera tan complicado de encontrar.

Luego de examinar y caminar varias veces por la diminuta habitación, en ocasiones por el mismo punto dos y tres veces, Carlos miro al solitario interruptor situado en el centro de la pared, emitiendo un color carmesí de forma constante como un ojo vigilante. Se acerco incrédulo, golpeándose con el escritorio innecesario que se hallaba ahí. Dudando de todo se dio vuelta para mirar a Elena mientras le preguntaba “¿será esto?”. Inundada de risas nerviosas, cansada de la búsqueda, y deseosa de comenzar lo que llevaba esperando toda la tarde, asintió con la cabeza mientras pensaba en voz alta “que es lo peor que puede pasar, que activemos la alarma de incendios”. Carlos miro el interruptor, lo movió, e instantáneamente se encendió el aire acondicionado.