viernes, junio 05, 2009

AMANTES

Estaban enfrascados en una pasión animal que los devoraba intensamente, entregándose a una vorágine de lujuria que los arrastraba a una locura deseada. Ella cerro los ojos, su mente se torno incapaz de formular o permitir pensamientos. El placer ocupaba su mente, quemando y destruyendo neuronas a diestra y siniestra. Unidos en un ritmo carnal que era coordinado por los instintos, se restregaban los cuerpos mutuamente. Él la besaba, saboreando cada gota de sudor en los senos majestuosos de su mujer, mientras ella dejaba sus uñas tatuadas en su espalda musculosa.

Cada instante las agitaciones pélvicas aumentaban en salvajismo. Ambos amantes ahogándose en placer, negándose a pensar en un mundo más allá de aquella habitación que atestiguaba sus gestos de amor y locura. Ambos con la agitación que les provocaba la proximidad del orgasmo…llenándose a cada instante de desespero por llegar al éxtasis que era prometido por dicha sensación. “¡NO PARES!” le gritaba ella, negándose a abrir sus ojos, mordiéndose los labios en rabia sexual. Mientras ella gritaba su exigencia, él levantaba la cabeza para aspirar el aroma a amor y concentrarse en el placer, al tiempo que la clavaba en la cama, cuando emergieron sus colmillos. Como reacción a una alarma, abrió sus amarrillos ojos, y en un acto de desenfreno, enterró sus filosos dientes en el cuello de su amada.

En una mezcla profana de dolor y placer, los parpados de la aprisionada finalmente se separaron, ojos asombrados por lo que transcurría, junto a un grito censurado en su garganta. La sangre mojaba las paredes con cada ataque, las sabanas fueron teñidas de carmesí, mientras ella golpeaba al que pensó era su amante. La desesperación tomo control de sus músculos, llevándola a sacudir todas las partes de su cuerpo buscando librarse de la muerte. En medio del silencio de la noche sus gritos perforaron el aire, mientras las filosas garras entraban en su carne y la despedazaban. Pronto la ferocidad eclipso todo pensamiento, y de una mordida la decapito. Abandonado por su humanidad se entrego al festín, redecorando la habitación con rojo. Desafortunadamente, él no recordó que esa era noche de luna llena.


I.J. Vázquez Torres ©


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