Finalmente el meteorito, luego de meses de espera, ingreso al planeta; desgarrando a su paso la capa de ozono. Inmediatamente la radiación ultravioleta incinero la epidermis de millares, a la vez que hectáreas incontables se consumieron en un fuego apocalíptico. La vida comenzó apagarse mucho antes del impacto. La roca celestial entro con toda autoridad y se estrello en el mismo centro de Asia. La explosión fue tal que el fuego se alzo por encima del planeta, saliendo de lo que quedaba de la atmosfera, destruyendo decenas de satélites que orbitaban la Tierra.
Dentro del planeta el fuego purificador se extendió con velocidad ansiosa, mientras una nube de ceniza y polvo ocultaba la luz solar. El suelo se quebró, tragándose ciudades enteras. El calor y la energía liberada fueron de tal magnitud que en minutos dejo de existir Asia. Pronto llego la lluvia acida, a la vez que varios volcanes eructaban su muerte. El desastre continuo por horas. Cuando finalmente regreso el silencio, solamente quedaba una roca incinerada dando vueltas alrededor del Sol.
Dentro del planeta el fuego purificador se extendió con velocidad ansiosa, mientras una nube de ceniza y polvo ocultaba la luz solar. El suelo se quebró, tragándose ciudades enteras. El calor y la energía liberada fueron de tal magnitud que en minutos dejo de existir Asia. Pronto llego la lluvia acida, a la vez que varios volcanes eructaban su muerte. El desastre continuo por horas. Cuando finalmente regreso el silencio, solamente quedaba una roca incinerada dando vueltas alrededor del Sol.
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