Llego puntual, tal vez para compartir más tiempo con ella, o quizás para poder ver su mirada al verlo llegar exactamente a la hora que le dijo. Al subir los escalones, repasaba mentalmente los recuerdos que lo unían a la mujer que habitaba el cuarto 202. Una hembra como pocas, segura de sí misma, valerosa, dueña de su vida y su destino. En el pasillo era posible disfrutar de la música asiática que él tanto disfrutaba escuchar durante sus visitas. Mismas que cada vez eran más escasas, pero a las que le resultaba imposible prescindir. Llego a la puerta, y con mucha seguridad toco dos veces, completamente confiado en cual iba a ser el desenlace de aquella visita. Casi inmediatamente noto la presencia del ojo en la mirilla de la puerta. A pesar de su tono distante en el teléfono, ella si lo estaba esperando.
Ella lo dejo pasar con un tono cortés, un poco ansiosa por lo que estaba haciendo. A pesar de que llevaba semanas sin llevarlo a su casa, y evitaba escuchar su voz hipnótica, no pudo evitar aceptar la idea que él le propuso el sábado anterior. Lo saludo con una diminuta sonrisa y se refugió inmediatamente en la cocina, donde las ollas estaban cumpliendo su parte en la creación de magníficos manjares. De su cocina, emanaba un aroma embriagador, que inmediatamente causo que el estomago de su visitante gimiera en anticipación. Una mezcla de olores dulces y picantes, que con suma calma iba conquistando todos los rincones del espartano apartamento. Olores que enloquecían el olfato y llenaban la mente de imágenes gastronómicas que aumentaban la sensación de hambre. Fue sencillo determinar qué era lo que ella preparaba. Comida hindú pensó él, acostumbrado a los menús exóticos que ella a veces le preparaba. Cada uno un preámbulo a una noche llena de sensualidad, y genitalidad.
Se adentro en el apartamento con la misma seguridad con la que ascendió las escaleras, buscando furtivamente una nueva decoración en las paredes o en los muebles, pero encontrándolo todo tal cual lo dejo la última vez. Si algo la distinguía a ella, era la simpleza con la cual vivía. Todo en el apartamento era lo necesario para vivir cómodo.
Mientras se acercaba, determino que no iba a esperar la cena. La deseaba con un fuego que le quemaba los pensamientos y nublaba todo lo demás. Llego a la cocina, y se detuvo detrás de ella. La abrazo. Con gran astucia, comenzó a besarle el cuello. Besos pequeños y mortales, que debilitaban los pies de su víctima. Besos que exploraban cada rincón de su cuello y sus hombros. Al tiempo que la besaba, trazo una línea con la punta de sus dedos desde los hombros de su anfitriona hasta las manos, las cuales apretó juguetonamente. Ella cerró los ojos y se entrego a las caricias. Una de sus manos fue bajando hasta su cintura, y se introdujo en su falda. Trazo poco a poco el camino hasta que encontró lo que buscaba, y comenzó a masajear delicadamente su feminidad. Mientras tanto, su mano derecha se metió por su blusa, consciente de que ella no usaba sostén, buscando uno de sus magníficos senos. Ella libero una sonrisa, mientras suspiraba como gata en celo. La mano izquierda de su visitante masajeaba suavemente su clítoris, provocando que ella se humedeciera. Pequeños círculos que la mareaban y la cegaban, masajes que llenaban de electricidad su cerebro, inundando su mente de lujuria e imágenes eróticas. Movimientos que en ocasiones iban acompañados por diminutos apretones. Sus muslos se aflojaban de manera intermitente, y en dos ocasiones estuvo a punto de perder la fortaleza. Pero él la agarro, deseaba tenerla prisionera, enloquecerla, llevarla al borde hasta que le pidiera que la clavara. Que proclamara profanidades en medio de su excitación y que accediera a todo lo que él propusiera. Con este propósito, su mano derecha coordino los masajes en el pezón con los masajes en el clítoris. Sus dedos estaban completamente mojados en los fluidos de su prisionera, quien gemía con mayor fuerza. Ella busco su boca y comenzó a devorarlo a besos. Sus lenguas se encontraron y dieron comienzo a una batalla de caricias. Ya el mundo dejo de existir para ellos.
De repente, sus dedos buscaron la apertura, y con malicia erótica comenzó a introducirlos y sacarlos. Entraban y salía con lentitud artística, buscando enloquecerla con su tacto. No le tomo mucho tiempo lograr el efecto deseado, ella trinco sus músculos pélvicos y libero un gemido de satisfacción. Había alcanzado el primer orgasmo de la noche.
La agarro y la llevo a la sala. La lanzo al sofá, y se arrodillo frente a ella. Ella pudo reconocer esa mirada, una mirada que anunciaba los maravillosos masajes que brindaba la lengua de su visitante. Él paso su lengua suavemente, saboreando con sumo placer la humedad que ahí se acumulaba. Ella cerró nuevamente los ojos, y dejo de pensar. Lo único que registraba su mente eran los lengüetazos de su amante, mismos que provocaban su cuerpo liberara grandes cantidades de humedad vaginal. Ella le agarro los cabellos apretándolo con fuerza contra su vagina, su cerebro encendido en llamas pre-orgásmicas, hasta que no pudo más y dejo escapar un grito de lujuria al tiempo que todo su cuerpo se trincaba en un orgasmo abismal, mismo que la hizo olvidar quien era y donde estaba.
Era el momento, su sed por ella ya no era posible saciarla con juegos pre-coitales. La llevo a la recamara, y la deposito en la cama. Abrió sus piernas, y con su masculinidad comenzó acariciar su ya estimulada abertura. Poco a poco fue introduciéndola, hasta que finalmente la clavo contra la cama, dando comienzo a la danza pélvica. Fue suave al comienzo, tomando mayor ímpetu con cada envestida. Ambos cerraron los ojos, llenos de fuego y desesperación. Ella lo abrazo con sus piernas, como si temiera que él fuera a dejarla a mitad. Por su parte, él se acerco a besarla, interrumpiendo sus caricias linguales para morderle delicadamente los labios. El abismo se aproximaba, y ella le rogaba que fuera más rápido, que la clavara bien duro. Inmediatamente el obedeció, loco por sentir la marejada de placer. Verdad que te gusta, le grito embriagado de placer. Ella contestaba que sí, pero ajena a lo que respondía. Solamente deseaba que él continuara. La pasión se los estaba comiendo. El aumentaba sus embestidas, y en respuesta ella lo agarro por el pelo para besarlo. Luego libero su cabello, y paso sus uñas por su espaldas. Con el fin próximo, ella comenzó a mover sus caderas al mismo ritmo que su amante. De un ballet, el acto pasó a ser una batalla, y finalmente, ambos amantes llegaron al clímax tan deseado. Marejadas de placer tras marejadas de placer los arropo a los dos, que por varios segundos quedaron paralizados. Era simplemente maravilloso.
Luego de haberse entregado por completo, ambos quedaron mirando el techo. Con la respiración entrecortada y el cuerpo húmedo por los fluidos y el sudor. Estaban absortos en el recuerdo del éxtasis y el deseo de reponerse para otro asalto. De momento él se apoyo en su codo derecho para mirarla. Es hermosa, se dijo a sí mismo al verla ahí desnuda, con su cabellera marrón claro hecha un desorden. En ese instante comprendió que era la mirada de ella lo que le anonadaba, lo que le amarraba a ella. Ahí solamente era posible contemplar fuerza, valor, independencia. Características que lo embriagaban, y al mismo tiempo lo aterraban. Se armo de valor y le pregunto si lo amaba.
Como es posible que me pregunte eso es que acaso estará toda la vida en ese eterno juego en esa eterna mofa hacia su vida la mía y la de su esposa siempre esperando que le brinde lo que parece que no encuentra o se niega a pedir en el seno de su hogar una eterna guerra de suplicas caricias y melodías para ahogar criminalmente el fuego que incinera nuestras mentes y nuestras pelvis porque es innegable que ambos sabemos cómo inundar de placer y lujuria la mente y el cuerpo del otro si lujuria porque ya es algo más que un deseo carnal el que me empuja a aceptarlo en mi vida luego de prometerme jamás volverle escuchar o leer sus mensajes pero resulta difícil llevar a la práctica aquello que te aleja de lo que empezaste amar pues del fuego vino lo que era inesperado pues me deje conducir a paraderos nuevos adicta a la miel de sus caricias y el fuego de su mirada la suavidad de sus músculos y el vigor de su sonrisa una sonrisa que me enloquece y al mismo tiempo me deja con una sensación de desamparo Santo nuevamente me deje llevar por un mar de ideas lo cual debe significar mi miedo a enfrentar la realidad de esta relación que no nos brinda total felicidad pero que testarudamente nos aferramos y que me deja adolorida en las profundidades de mi alma bendita que desea crecer y evolucionar pero que estos momentos de debilidad me lo impiden pues él llego a ser el amo de mis ilusiones y el señor de mis masturbaciones de mis desvelos pero ahora ha llegado una nueva verdad a la cual me aferrare con toda la fuerza de mi voluntad y mi testarudez porque luego de pensarlo y llorarlo he llegado a la única posible conclusión.
Luego de estar contemplando sus memorias y sus pensamientos, la Sra Bloom brindo la única respuesta posible.
-No-.
I.J. Vázquez Torres ©
Ella lo dejo pasar con un tono cortés, un poco ansiosa por lo que estaba haciendo. A pesar de que llevaba semanas sin llevarlo a su casa, y evitaba escuchar su voz hipnótica, no pudo evitar aceptar la idea que él le propuso el sábado anterior. Lo saludo con una diminuta sonrisa y se refugió inmediatamente en la cocina, donde las ollas estaban cumpliendo su parte en la creación de magníficos manjares. De su cocina, emanaba un aroma embriagador, que inmediatamente causo que el estomago de su visitante gimiera en anticipación. Una mezcla de olores dulces y picantes, que con suma calma iba conquistando todos los rincones del espartano apartamento. Olores que enloquecían el olfato y llenaban la mente de imágenes gastronómicas que aumentaban la sensación de hambre. Fue sencillo determinar qué era lo que ella preparaba. Comida hindú pensó él, acostumbrado a los menús exóticos que ella a veces le preparaba. Cada uno un preámbulo a una noche llena de sensualidad, y genitalidad.
Se adentro en el apartamento con la misma seguridad con la que ascendió las escaleras, buscando furtivamente una nueva decoración en las paredes o en los muebles, pero encontrándolo todo tal cual lo dejo la última vez. Si algo la distinguía a ella, era la simpleza con la cual vivía. Todo en el apartamento era lo necesario para vivir cómodo.
Mientras se acercaba, determino que no iba a esperar la cena. La deseaba con un fuego que le quemaba los pensamientos y nublaba todo lo demás. Llego a la cocina, y se detuvo detrás de ella. La abrazo. Con gran astucia, comenzó a besarle el cuello. Besos pequeños y mortales, que debilitaban los pies de su víctima. Besos que exploraban cada rincón de su cuello y sus hombros. Al tiempo que la besaba, trazo una línea con la punta de sus dedos desde los hombros de su anfitriona hasta las manos, las cuales apretó juguetonamente. Ella cerró los ojos y se entrego a las caricias. Una de sus manos fue bajando hasta su cintura, y se introdujo en su falda. Trazo poco a poco el camino hasta que encontró lo que buscaba, y comenzó a masajear delicadamente su feminidad. Mientras tanto, su mano derecha se metió por su blusa, consciente de que ella no usaba sostén, buscando uno de sus magníficos senos. Ella libero una sonrisa, mientras suspiraba como gata en celo. La mano izquierda de su visitante masajeaba suavemente su clítoris, provocando que ella se humedeciera. Pequeños círculos que la mareaban y la cegaban, masajes que llenaban de electricidad su cerebro, inundando su mente de lujuria e imágenes eróticas. Movimientos que en ocasiones iban acompañados por diminutos apretones. Sus muslos se aflojaban de manera intermitente, y en dos ocasiones estuvo a punto de perder la fortaleza. Pero él la agarro, deseaba tenerla prisionera, enloquecerla, llevarla al borde hasta que le pidiera que la clavara. Que proclamara profanidades en medio de su excitación y que accediera a todo lo que él propusiera. Con este propósito, su mano derecha coordino los masajes en el pezón con los masajes en el clítoris. Sus dedos estaban completamente mojados en los fluidos de su prisionera, quien gemía con mayor fuerza. Ella busco su boca y comenzó a devorarlo a besos. Sus lenguas se encontraron y dieron comienzo a una batalla de caricias. Ya el mundo dejo de existir para ellos.
De repente, sus dedos buscaron la apertura, y con malicia erótica comenzó a introducirlos y sacarlos. Entraban y salía con lentitud artística, buscando enloquecerla con su tacto. No le tomo mucho tiempo lograr el efecto deseado, ella trinco sus músculos pélvicos y libero un gemido de satisfacción. Había alcanzado el primer orgasmo de la noche.
La agarro y la llevo a la sala. La lanzo al sofá, y se arrodillo frente a ella. Ella pudo reconocer esa mirada, una mirada que anunciaba los maravillosos masajes que brindaba la lengua de su visitante. Él paso su lengua suavemente, saboreando con sumo placer la humedad que ahí se acumulaba. Ella cerró nuevamente los ojos, y dejo de pensar. Lo único que registraba su mente eran los lengüetazos de su amante, mismos que provocaban su cuerpo liberara grandes cantidades de humedad vaginal. Ella le agarro los cabellos apretándolo con fuerza contra su vagina, su cerebro encendido en llamas pre-orgásmicas, hasta que no pudo más y dejo escapar un grito de lujuria al tiempo que todo su cuerpo se trincaba en un orgasmo abismal, mismo que la hizo olvidar quien era y donde estaba.
Era el momento, su sed por ella ya no era posible saciarla con juegos pre-coitales. La llevo a la recamara, y la deposito en la cama. Abrió sus piernas, y con su masculinidad comenzó acariciar su ya estimulada abertura. Poco a poco fue introduciéndola, hasta que finalmente la clavo contra la cama, dando comienzo a la danza pélvica. Fue suave al comienzo, tomando mayor ímpetu con cada envestida. Ambos cerraron los ojos, llenos de fuego y desesperación. Ella lo abrazo con sus piernas, como si temiera que él fuera a dejarla a mitad. Por su parte, él se acerco a besarla, interrumpiendo sus caricias linguales para morderle delicadamente los labios. El abismo se aproximaba, y ella le rogaba que fuera más rápido, que la clavara bien duro. Inmediatamente el obedeció, loco por sentir la marejada de placer. Verdad que te gusta, le grito embriagado de placer. Ella contestaba que sí, pero ajena a lo que respondía. Solamente deseaba que él continuara. La pasión se los estaba comiendo. El aumentaba sus embestidas, y en respuesta ella lo agarro por el pelo para besarlo. Luego libero su cabello, y paso sus uñas por su espaldas. Con el fin próximo, ella comenzó a mover sus caderas al mismo ritmo que su amante. De un ballet, el acto pasó a ser una batalla, y finalmente, ambos amantes llegaron al clímax tan deseado. Marejadas de placer tras marejadas de placer los arropo a los dos, que por varios segundos quedaron paralizados. Era simplemente maravilloso.
Luego de haberse entregado por completo, ambos quedaron mirando el techo. Con la respiración entrecortada y el cuerpo húmedo por los fluidos y el sudor. Estaban absortos en el recuerdo del éxtasis y el deseo de reponerse para otro asalto. De momento él se apoyo en su codo derecho para mirarla. Es hermosa, se dijo a sí mismo al verla ahí desnuda, con su cabellera marrón claro hecha un desorden. En ese instante comprendió que era la mirada de ella lo que le anonadaba, lo que le amarraba a ella. Ahí solamente era posible contemplar fuerza, valor, independencia. Características que lo embriagaban, y al mismo tiempo lo aterraban. Se armo de valor y le pregunto si lo amaba.
Como es posible que me pregunte eso es que acaso estará toda la vida en ese eterno juego en esa eterna mofa hacia su vida la mía y la de su esposa siempre esperando que le brinde lo que parece que no encuentra o se niega a pedir en el seno de su hogar una eterna guerra de suplicas caricias y melodías para ahogar criminalmente el fuego que incinera nuestras mentes y nuestras pelvis porque es innegable que ambos sabemos cómo inundar de placer y lujuria la mente y el cuerpo del otro si lujuria porque ya es algo más que un deseo carnal el que me empuja a aceptarlo en mi vida luego de prometerme jamás volverle escuchar o leer sus mensajes pero resulta difícil llevar a la práctica aquello que te aleja de lo que empezaste amar pues del fuego vino lo que era inesperado pues me deje conducir a paraderos nuevos adicta a la miel de sus caricias y el fuego de su mirada la suavidad de sus músculos y el vigor de su sonrisa una sonrisa que me enloquece y al mismo tiempo me deja con una sensación de desamparo Santo nuevamente me deje llevar por un mar de ideas lo cual debe significar mi miedo a enfrentar la realidad de esta relación que no nos brinda total felicidad pero que testarudamente nos aferramos y que me deja adolorida en las profundidades de mi alma bendita que desea crecer y evolucionar pero que estos momentos de debilidad me lo impiden pues él llego a ser el amo de mis ilusiones y el señor de mis masturbaciones de mis desvelos pero ahora ha llegado una nueva verdad a la cual me aferrare con toda la fuerza de mi voluntad y mi testarudez porque luego de pensarlo y llorarlo he llegado a la única posible conclusión.
Luego de estar contemplando sus memorias y sus pensamientos, la Sra Bloom brindo la única respuesta posible.
-No-.
I.J. Vázquez Torres ©
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