miércoles, mayo 27, 2009

LA CAMINATA HACIA VENITOR


Caminando, cansado, el cuerpo deseando suspender toda actividad y entregarse a la nada del sueño. Obstinadamente el caminante se negaba a respetar los deseos de su aquejumbrado cuerpo. Lo inducía el apabullante recuerdo de una promesa. Sus pisadas ya abandonaron todo orden y cohesión, a la vez que su visión dejaba de funcionar adecuadamente. Se llevo la mano al pecho, el dolor no era lo que motivo este gesto, sino la debilidad de los latidos. Se negaba aceptar derrota alguna. Una promesa es una promesa. Eran ya las 11:58 de la noche, el fin de una época se asomaba por entre medio de las insolentes estrellas. Y la promesa lo llevaba más allá de sus fuerzas y sus heridas. En un momento, sus debilitados pies dieron un movimiento en falso, y callo por una jarda, agregando tortura al ya quebrantado cuerpo. La sangre avanzaba en su carrera fuera del cuerpo con cada golpe contra una roca. Una vez quieto en el suelo, respirando polvo y sangre, con lágrimas brotándole lentamente, el hombre se irguió. Cerro los ojos mientras el dolor de la tristeza se apoderaba de su alma. Su grito de angustia quebró el silencio de la Noche Vieja, próxima a dar paso a un nuevo año. Y al abrir los ojos…vio que estaba más cerca de lo que pensaba. La caída, a pesar del dolor, lo acerco a donde era esperado. Su incredulidad duro segundos, suplantados por una oración de agradecimiento al Todopoderoso. Se acerco con velocidad a la casita, el dolor ya no registraba en su ser. Los chorros de sangre que manaban aterradoramente le hacían resbalar constantemente, pero para él lo único que importaba era llegar. Finalmente entro a la casa, y con alegría paternal grito “¡Ángel! ¡Papá llego!” De la profundidad de la casa se escucho el grito de euforia de una niña, acompañada por pisadas fuertes. La niña al verlo aumento la velocidad de su carrera y se lanzo a los brazos de su padre. El la tomo y la apretó fuerte en un abrazo dulce y amoroso de padre. “¡Cumpliste tu promesa! ¡Mamá papito esta en casa!”. El respiro profundo el olor de los cabellos de su niña, mientras sus lágrimas mojaban los cachetes de la chiquilla. “Si mi niña hermosa, llegue para recibir el nuevo año contigo y mamá”. Su mujer no grito al ver al despojo que era su marido. El hecho de que la niña no se percatara se lo prohibió. Se acerco lentamente, con el llanto atascado en su pecho, mientras observaba el tierno momento entre padre e hija, angustiada por la certeza de la muerte. El se percato de sus pensamientos, y sin quitarle los ojos a su hija dijo “Feliz Año Nuevo mi Ángel”. La niña, ya agotada por todo un día de fiesta, suspiro mientras se dormía “Feliz Día papito. Cumpliste tu promesa, estoy contenta”.

I.J. Vázquez Torres ©

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